lunes, mayo 26, 2008

Agua


Por la ventana una nube se asomó, oscureciendo un bello día de sol.
Primero aparento ser pequeñita, rosa y regordeta. Al mirarle a través de esa ventana, era como mirar un cuadro, el caminante sobre el mar de nubes. Junto a ella se fueron amontonando más nubes esponjosas, una gris celeste, luego una lila, otra amarilla y al final las más grandes del grupo, azules, grisáceas y negras.

Las nubes, habían apagado la luz tibia y amarilla, ahora, era solo el paisaje de una gris ventana, el día había sido oscurecido.

Sentada sobre un sillón, una mujer, ensombrecida, no dejaba de mirar el monitor, al tiempo que con movimientos algo neuróticos, iba revisando los pliegues de su falda y acomodándolos de manera nerviosa.
Iba contando cuantos pliegues tenía su pollera y evitaba volver a leer un correo virulento, que ya había repasado unas cien veces.

Se levanto entonces de su asiento, apago la estufa, se puso su impermeable negro, enrollo su bufanda con desgano y salió a respirar.


Asomó un pie fuera de su casa y comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia. El paraguas, en cambio se quedo descansando en el cálido hogar.

Fue siguiendo sus pasos sin ningún rumbo, en verdad, no iba a ninguna parte, solo caminaba.
Pisaba con cuidado de no poner el pie sobre alguna línea, caminando veloz, poniendo una bota frente a la otra en forma acompasada y segura. Sus tacones resonaban por toda la cuadra, mientras que con la mirada baja las gotas de lluvia, de esas nubes antes tan amigables, empezaron a golpearle el rostro.
Entonces se detuvo y miro al cielo, para sentir sus lágrimas, esas que a ella no le salían.

Los cabellos de Lily, color negro azabache, escurrían en agua de lluvia, como la ladera de los cerros de Nancagua en invierno, corriendo en pequeñas cascadas, alimentando las quebradas.
Lily, se quedo así, quieta, un buen rato, pensando en esos paisajes, mojando su rostro y cabellos, abriendo sus brazos para sentir la lluvia.

Lo único que la saco de sus pensamientos fue su celular, el que sonaba insistentemente con una musiquita odiosa que había elegido su hermana. Entonces, lo sacó de su bolsillo y simplemente lo apago. Continuo su camino, sin siquiera mirar quien le llamaba.
Tenía ese aparato en su bolsillo, pero en las siguientes llamadas, ni siquiera lo atendió para apagarlo.
Y se repetía a si misma en voz baja.
-Que se cree ella, a mi nadie me hace sombra. Hay que ser muy egocéntrica para creer que es tan importante.

Siguió avanzando, persiguiendo sus propios pasos ensimismada, hasta que un automóvil freno casi encima de ella, haciendo sonar su bocina.

Lo que el conductor le dijo al pasar por su lado, le saco de sus pensamientos dulces, de ser parte del paisaje
-Cuidado mijita, que la voy a atropellar si no se fija que cruza con rojo-

Cruzaba en rojo, y aunque hubiese visto el semáforo, ya no deseaba detenerse en esas luces. Los semáforos en rojo le recordaban cosas, demasiadas cosas.

Mantuvo su paso firme sin rumbo, como niñita a la que le dan pataletas, haciendo pucheros mientras se repetía despacio.
-No son celos, lo se, pero hacerme tonta a mi!

En su hogar aun estaba como fiel testigo, el paraguas abandonado, junto a la pantalla del computador del cual emergía en letras verdes y negras, una conversación completa de su novio, con una que se decía su amiga. Una conversación bastante romántica para un par de amigos.

Y volvía a su mantra
-Porque se da tanta importancia, aun cree que el esta embobado con ella. Y el, se comporta como si yo no existiese, y todo el tiempo ella haciéndose la amable, cuando en realidad tenía una imagen apestosa de mi.

Apresuro el paso, metió sin querer los pies en un charco de agua con sus botas altas y se mojo un poco bajo la pollera.

En el camino, se encontró con un amigo que la detuvo un rato. El trataba de charlar, pero ella no le escuchaba, era como sonidos de queltehues a lo lejos.

El, la invito a tomar once al único café que existía en el pueblo. Ella como ida, le siguió sin chistar.
Se sentaron uno frente al otro, mientras el, alegremente, le contaba de todas las cosas que le habían pasado en la semana.

Cuando llego el momento de ordenar, ella se paro y excusándose por no poder quedarse, que muchas gracias, simplemente se fue.

Mientras caminaba, mascullaba todo lo que le iba a decir:
- Yegua, mala amiga, eres una…
Entonces, nuevamente sonó su celular, esta vez lo miro para ver quien era y lo lanzo lejos, cayendo cerca de un sumidero de agua.

Al percatarse de su reacción, se llevo las manos a la cabeza con total desaprobación. Esa no era ella, no lo aceptaba.

Fue entonces, que paso por su cabeza, la nubecilla regordeta y rosa, que vio por su ventana...
Y en voz alta se dijo
-Nadie me hará quedar en sombras, me sacaré esto de encima, soy superior a todo aquello.

Tomó el camino calle arriba, por la avenida principal, llego hasta el mismísimo puente Zamorano, que cruza las aguas del río Blanco y bajo por una de sus orillas.

Normalmente ella iba por ahí a despejar sus pensamientos en largas caminatas, cuando estaba muy confundida, está vez sus paso le guiaron hasta allá inconcientemente.

Al terminar de bajar y siguiendo por la orilla, se percato que no había pájaros, ni caballos alrededor, solo unos queltehues a lo lejos, que seguían anunciando que venía más agua.
Lily estaba feliz de aquello, quería agua, más agua aun.

Sin pensarlo, se metió en pleno cauce, llegándole hasta las rodillas. La corriente era muy fuerte y el caudal del río iba en aumento.
Y esta vez se repetía suavemente
-Purificación, soy superior a esto, quiero esta mugre fuera de mi sistema.

Se arrodillo, para que el líquido frío y agresivo le cubriera la cintura.
Se sujetaba a las piedras del fondo mientras el torrente intentaba arrastrarla. Se quedo quieta y firme como un roble, mientras las aguas subían…
Sentía frío y por un momento creyó desfallecer. El dolor le llego hasta la medula y se abrazo al torrente, quien le acogió como un buen amigo.

Cuando volvía a casa, completamente mojada, apareció nuevamente su amigo dejado en la cafetería, con cara de preocupación, pues le había visto salir del lugar como una loca.

La había buscado por todos lados, llamado al celular que no le contestaba y al no tener respuesta, le hizo guardia fuera de su casa.
Al verla toda mojada, no le dijo nada, solo se saco la chaqueta para cubrirla y le abrazo.

Entonces, Lily lanzó una carcajada y le dijo tiritando
-No te preocupes, he tenido un día magnifico. Ahora si podemos tomarnos el café, me hacía falta un baño, ya estoy completamente limpia.

domingo, mayo 25, 2008

Pesadillas

Porque yo si acepto la escritura cercana a la parca... porque a veces si hay que expresar sentimientos que van más alla de la rabia, la envidia y el pataleo de niña...



Pesadillas, doy vueltas en mi cama, pensando en ti.
Mi cama antes tan tibia, hoy se enfría en tu recuerdo lejano.
Voy mojando mi almohada, pero no son lágrimas, es sudor frío de ese que no deja vivir. Son demasiadas promesas sin cumplir y necesito ser feliz de una vez por todas.
Hoy quisiera que estuvieras aquí, pero soy tan débil, no me atrevo siquiera a llamarte y tengo miedo de no poder seguir.
El agua ya me llega hasta los talones, pero no saldré de aquí, me ahogare en el sudor frío que hoy me recorre toda, porque se, que me dejaras ir, si así te lo pido
Te podría decir Abrázame fuerte, ven, sujétate a mi, pero el orgullo es más fuerte.
Estoy lejos y fría, miénteme otra vez, cuéntame esas historias lindas de nuestra vida juntos, seguro te creería.
Me voy...
Pero antes, no dejes de Rozar mis labios con tu boca tibia, necesito tu veneno para darme fuerzas y volverme aun más loca de lo que ya me tienes
Ya no mires más el cielo para buscar la misma luna que nos observa, desde hoy ya no es la misma. La que tú miras es la tuya y la que yo miro es la mía, ya no hay nuestros entre nosotros.
Pero, miéntete, piénsame todo al revés, que estaré alegre y sonriente, como siempre, no creas que sufrí, créeme que no te amo, duerme tranquilo y descansa con los ojos cerrados,
ya no estaré a tu lado, escuchando tus susurros al amanecer
Ahora silencio,
me voy...
Estoy rodeada de lobos
lejos y fría
No me busques

1.


No acostumbraba la leche, así que pidió un jugo de naranja de litro en caja. Recordó entonces las dosis de vitamina C del fin de semana en casa de Fernanda Valle, repasando cada gesto de su cara mientras la pastilla de efervescente se desarmaba. Observó la delgada llovizna a su espalda, emblanqueciendo la calzada de enfrente, al tiempo que retiraba sus bolsas plásticas del empaque, con un leve gesto de desgano. Caminó entre la gente que se guarecía de la lluvia sin prestarles demasiada atención. Luego, tomo la calle junto a la rotonda al otro lado de la valla de protección, enfilando por la vía secundaria recientemente asfaltada. El pavimento estaba jabonoso y los pocos vehículos que se desplazaban por ahí, lo hacían con sumo cuidado.

Sacó la llave del bolsillo de su pantalón y la engarzó en la cerradura. Entró al antejardín de la casona hasta la puerta y de ahí hacia la izquierda, por el corredor de latas que daba a los galpones. Al penetrar en la espaciosa sala, inhaló el perfume de la madera recién cortada. Después se dirigió hasta un mesón de gruesos tablones de roble, al fondo de la estancia y buscó una silla hacía poco acabada y la acomodó enfrente al mesón.

La secretaria no demoraba en volver, así que extrajo de su morral un grueso paquete color caqui amarrado con pitilla de algodón ocre; después, un sobre de papel celeste sujeto con cáñamo y finalmente, una bolsa de plástico verde, semitransparente. En el paquete grande venía una caja de óleos Rembrandt de 24 unidades, más dos botellas de vidrio acanalado con trementina, y un frasco de médium preparado al aceite. Del sobre celeste sustrajo una docena de pinceles Tigre de distintos tamaños, con finísimas cerdas anaranjadas muy suaves; de la bolsa de plástico retiró una tela de unos 30 por 40 centímetros de algodón imprimado, remachada con delgados corchetes brillantes.

Comprobó el número de hojas desocupadas de la libreta y echo en el bolsillo derecho de su chaqueta, el encendedor de plástico que le habían dado en el kiosco. Repasó algunos poemas inconclusos mientras en la radio de la mesa, se entonaban los últimos compases del concierto para piano de la tarde. Se ajustó la bufanda y buscó en el bolsillo izquierdo de su jeans, el lápiz a pasta verde, que su jefe había abandonado junto a la carpeta de los pagos mensuales. Meditó unos segundos observando la página y se puso a escribir encendiendo un cigarrillo, mientras repasaba la primera frase volteando la mirada hacia la caja de jugo, sonriendo, como si compartiera con alguien. Cerró los ojos unos instantes balbuceando aquella frase, repasándola lentamente y con los dientes ligeramente apretados la corrigió.

S/C...


Yo no puedo con la poesía quejumbrosa

esa que desata los tendones de la euforia

inútilmente como si exhalara muerte en

sus rugidos, como si la vida se escondiera

y diera chance al descalabro de los huesos,

de esos que comulgan con helmintos

y hacen fiestas y aquelarres ambulantes,

de cadáver peregrinando medio histérico

de cazuela de albatros con ensalada de tordo


no me hago más cargo de su estatuaria petulante

yo renazco bajo el lodo de la calle inerme

ciudadano de a pie que calza alpargatas Iberia

yo, balancín de la plaza antes que llegara el alcalde

yo paseante los domingos con el traje ad honorem

rúbrica imprecisa de mi sueldo en alógeno

pisada que han desdibujado cientos de habitantes

no tengo nada que ver contigo, pájaro de mal agüero


me desconozco si te he dedicado un verso

no te he visto ni en pelea de perros,

no cacho de ti ni una, colágeno sin elastina

no tienes ni un veinte de idea, tú, ceremonial

de iglesia prístina,

famosín al pedo, truco al borde de la cornisa

alero miserable bajo el brazo, comidilla lúgubre

tu insistencia me da el asco propio de los tábanos

aleteando ponzoñosos en la vera de la esquina de la carne


tú curahuilla en tránsito, ten más cuidado con lo que toses,

no te me hagas para el lado, sin primero saludarme, cuchufleta informe,

tísico astrolabio tirado a hombre. Saludos.


lunes, mayo 12, 2008

S/C...



Me puse leer mientras la luz del bus aún parpadeaba

Sentado junto a la ventana bus, camino a Valparaíso,

Me quedé callado esperando enfriarme un poco,

Caminé lo suficiente como para quitarme la chaqueta


Una joven mujer estaba sentada a mi lado,

Hablaba a ratos c/ su madre, sobre irse muy lejos

Era pequeña y delgada, de un cabello oscuro,

No superaba los 23 y se notaba algo incómoda


Sacó un cubo de rubik, y se puso a girarlo con sus dos nerviosas manos,

Yo miraba hacia la noche, y a unas diminutas linternas blancas, ordenadas tras los cristales.


sábado, mayo 03, 2008

Que talla dejarás de Usar



Corto, se apago, no se que sucedió.
Tu tu tu… el teléfono acusador, le indicaba, tu eres la única responsable.
Pero, era solo la batería que también le había abandonado.
Y entonces le bajo la angustia, finalmente podía haber conseguido aquello que había planificado durante el día.
¿Pero que es mejor cansarlo ahora y que se vaya? o esperar que estuviera todo el tiempo junto a ella… ¿Por que no lo había dejado decidir?
Ahora el gran terror se apoderaba de ella. El temor a la soledad y más aun a la lástima. No quería la lastima de nadie
Mientras aun resonaba el sonido de su voz en sus oídos, le escuchaba decir:
-¿que talla de ropa interior usas?, y ella solo pensaba, en la talla que quizás nunca mas usaría, mientras la palabra cáncer volvía a su cabeza.
La doctora Valdes, no hizo preámbulos, simplemente le dijo esa mañana que el nódulo que parecía benigno, ese que era solo liquido, había crecido y que se había densificado.
¿Que era todo eso? Y no lo quería saber, aunque ya lo sabía.
Su prima Emma, siempre tan alegre, fuerte, valiente, a ella, también le pasó y se lo había tomado con naturalidad. Ella misma le decía siempre para darle ánimos, no importa, fue a tiempo, un poco de quimioterapia y estarás bien, como decían todos. Sin embargo la historia fue muy distinta.
Fue un cáncer agresivo, maldito, que primero le quito la juventud, sus majestuosos pechos y finalmente toda esperanza de vida. No fue a su funeral, como era su costumbre pues detestaba a tanta gente hablando bien de otro que ya no lo va a escuchar, el llanto y las lamentaciones.
Entonces pensó, en quien iría al suyo.
Su hijo, probablemente llevado por su padre. Y al pensar en su gran amor, ahí mismo, junto a todos los tiburones, lo decidió por el.
El es su gran amor, pero se equivoca siempre con el, siempre quiere decidir por el que es lo mejor para si mismo, por ello su teléfono le acusa… tu tu tu.
La vida es injusta, pensaba, mientras se tragaba las lágrimas al escuchar cuando el preguntaba, que talla de ropa interior usas…

jueves, mayo 01, 2008

Trabajos (muy antiguos)...

Óleo y esmalte sobre papel, sobre cartón preparado.

Trabajos (muy antiguos)

Esmalte y óleo sobre papel sobre cartón preparado.





Trabajo en proceso...

Ejercicio de óleo sobre tela, proceso de dibujo y pintado (no terminado).





En proceso...