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jueves, junio 04, 2009

s/c...




Tú eres ese loco que en el medio de la calle
va a ser aplastado por una micro,
por muy pulento, pepe,
y atornillas para el lado de la muerte
y te deshaces,
o dices que has leído de psicología bastante
y no le has trabajado un peso a alguien
en toda tu vida,
tu propia vida
que ha sido un fiasco enorme,
pero te matas de la risa
dejándonos unos mensajes
telefónicos filetes,
como si evangelizaras
desde la otra orilla,
de esa equivocada del Jordán.







Tengo claro que me lees
aunque te desentiendas,
y te pases para el blog de al lado,
y sucumbas ante un libro
que no has comenzado,
y que difícilmente has
considerado leer

tengo muy claro que me entiendes
y que me recuerdas
y me llevas siempre,
en tu pensamiento como
una cariátide,
porque tú eres una gárgola, pepe,
y lo sabes
-salúdame a tu padre y a tu hermano traficante-
quemadura abierta

tú no expones lo que piensas
tú te escondes y le pegas a las féminas,
carita de nerd,
que Dios no se apiade de tu enfisema,
Saduceo, Bautista al peo,
consuelo de Chuky,
tú no sabes lo que es una cebolla
y menos un alicate.







…Cuando escribo no sé quién está escribiendo. Algo se pone a funcionar. Yo no siempre me identifico plenamente con lo que aparece ahí. A veces lo leo y digo qué divertido que alguien hable así. La literatura tiene mucho de ficción. Como uno es completamente lúdico, uno no se compromete con eso que dice. Ahora, si tú me preguntas a mí, yo tengo clara la película de que el intelecto falla completamente cuando intenta, por ejemplo, entender el sentido de la vida o conocer a Dios. Es entonces cuando digo: “ Y Kant no le sirvió para nada”. He conocido a muchos doctores en filosofía, que se lo saben todo, petulantes, vanidosos y egomaníacos, pero que no tienen una pizca de amor dentro de su corazón. Son personas que ven a un niño y lo tratan con desprecio, o que golpean a su señora. Me doy cuenta de que son verdaderas estatuas vivientes, que no tienen sensibilidad. Van caminando, se les cae un lápiz y se demoran un minuto en recogerlo. Son ancianos a los 30 años. La pasión por el intelecto puede anquilosarte. Estudiar filosofía no es, de todos modos, una condición sine qua non para convertirte en una momia, pero es una tentación satánica dedicarte sólo a filosofar…

Erick Pohlhammer, poeta:
“Me da lo mismo escribir poemas buenos o malos”
por Cristóbal Joannon en: http://www.letrasenlinea.cl/convers/convers-pohlhammer.htm




lunes, enero 14, 2008

XVII EL GUERRERO SE RETIRA




Todo está indicando que debes retirarte. Si continúas donde estás, lágrimas serán vertidas inútilmente. No estés. Retrocede, desaparece dignamente. No huyas. Retírate en silencio, sin que nadie lo note. Deslízate suavemente. No es éste tu lugar. No perseveres obcecadamente en tu objetivo. Si todo se ha mostrado adverso y, lo que es peor, dudas, es que no es éste el momento ni el sitio oportuno. Vete sin dejar rastro alguno, y no habrá heridas que cicatrizar.

(Oráculo del Guerrero)

martes, enero 08, 2008

Hoy...

Normalmente no publico cosas de otro, prefiero muchas veces no colocar nada a colocar algo ya escrito, pero esta vez lo haré.

Espero alcance a ser leído antes que me publiquen encima alguna noticia cultural, algún videillo o algo, cualquier cosa, que demuestre que otro mas esta presente, por que hoy, así me siento…
Alaíde Foppa, alguna vez tu también, quizás, tal vez…

Ella se Siente a Veces...

Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por los pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.

jueves, enero 03, 2008

Doble MMhh y un Ah?!!!

Leí y requete leí, aquel comentario titulado MMhh: La Soledad del Artista…
Uff!!
Que desparpajo para referirse a tanto tema, hablar y hablar, casi sin respirar de todo y nada.
He aquí un resumen de lo que se me paso por la mente y las vísceras, también.

Alguna vez te dije que el artista debía comunicar y lo entendiste como cuando se dice, si no comunicas no es arte…
Que tiempos aquellos!, sin explicaciones.
Comunicarse, que exista entendimiento, que exista feedback y no siempre somos comprendidos, existen cosas que salen del interior, se muestra y muchas veces, solo botadas al basurero social. ¿Eso le quita validez?.

Realmente no se lo que es, ni quien es o si realmente existen los “artistas”, pues todo se tipifica, se agrupa, para que no este “solito”… pero hay que nombrar de algún modo a aquellos que nos dan vuelta la visión de las cosas que podrían ser tan cotidianas.

¿El artista está solo porque lo patean, empujan, transforman en paria?
Creo que es un concepto que va mas allá del artista, es parte de la humanidad, esa que siente, que mira, observa.
Estar solo, es estar solo, quiérase o no, se este rodeado de humanos o no, es algo interior, que solo uno mismo sabe, que a algunos satisface y a otros atormenta…
Hablar del artista como un excluido es ser bastante llorón.

“Los falsos artistas no sienten la angustia de la soledad”… puede ser que no puedan expresarla… entonces volvemos a lo de la comunicación. Quien no comunica, ¿es artista? y ¿quien cataloga de falso o verdadero?
¿Cuantos artistas reales hacen un estudio filosófico de su propia soledad o abandono de los otros?, ¿de las envidias y malas leches?
Si se dedicaran a eso, ¿acaso no sería menos basta su obra?

Relaciones inversamente proporcionales!!!!. Ja!
Y se me aparece el científico que llevo dentro y pregunta. ¿Donde esta este estudio profundo al respecto?, quizás tiene una fórmula matemática nueva también.

Solo me pregunto, son preguntas de una ignorante, una humilde habitante del planeta, que vive rodeada de vacas y cerros. Porque sabes, yo no soy artista, autodenominarse de ese modo, a mi parecer, es solo un privilegio de los “dioses”.
Pero para variar puedo estar completamente equivocada y en un rato mas me parta un rayo.

miércoles, enero 02, 2008

MMhh...


LA SOLEDAD DEL ARTISTA por Aldo Pellegrini


El tema de la soledad del artista no es nuevo, quizás, hasta esté un poco envejecido, y despida cierto tufo a romanticismo, haciendo sonreír imperceptiblemente a aquellas personas que han logrado colocarse más allá de todo. No hay duda de que el romanticismo, al afirmar la existencia del individuo, actualizó el problema y lo popularizó en cierto modo. Pero la soledad del artista es tan vieja como el mundo: ¿No fueron solitarios Dante o Shakespeare?. Habría que decir más bien que la soledad del hombre es tan vieja como el mundo. Pero hoy, en este estupendo mundo en que vivimos, el problema de la soledad ha adquirido proporciones gigantescas. Ya no se trata de literatura: se trata pura y concretamente de soledad, de decantada, cristalina, sólida e impenetrable soledad.
El fenómeno de la soledad parece inherente al hombre desde el momento en que se multiplica, y a mi juicio responde a una ley matemática. A medida que crece el número de hombres que viven en común crece la soledad de cada uno de ellos en particular. Se trata de una relación inversamente proporcional: donde hay diez hombres la soledad es mayor que donde hay tres. Por eso es tan pavorosa la soledad en el mundo moderno.
Y podría decirse que esta relación también depende la distancia: a medida que más juntos están los hombres, más crece la soledad de cada uno. Mientras menos apiñados están, las probabilidades de estar solos, son menores. ¿Qué mayor soledad que la que existe en los departamentos modernos? Cientos de personas viven allí codo a codo como extraños. El campesino no es, en general un solitario y sí lo es el hombre de las grandes urbes. Ni siquiera el ermitaño es solitario, es simplemente un hombre aislado. Soledad y aislamiento son dos cosas absolutamente distintas y hasta cierto punto opuestas. Y la razón está en que la soledad es un suplicio de Tántalo: el hombre tiene a los otros hombres próximos, los mira, los ve, oye sus voces, desea acercarse, pero cuando lo intenta cae en la cuenta de que lo separa una sólida e impenetrable muralla de cristal y que las voces que oye sólo son un murmullo, no dicen nada. Y su hambre de acercamiento crece monstruosamente ante aquellos otros seres que están tan próximos, casi al alcance de su mano. Ese es el suplicio de Tántalo de la sociedad moderna y ello explica la diferencia fundamental entre la soledad y el aislamiento.
¿Por qué razones el artista, que parece destinado a concitar interés a su alrededor, sólo provoca malestar y alejamiento? Casi podría decirse que la piedra de toque del verdadero artista estaría dada por la rapidez con que el hombre normal le hace el vacío. Aunque el artista trate de pasar inadvertido suscita inmediatamente la desconfianza de ese hombre normal, desconfianza que rápidamente toma caracteres de la malevolencia y el rencor.
En el panorama general de la incomunicación social, al artista le toca la parte del león. Lo que podría llamarse su convivencia con el ambiente es mala, directamente desastrosa. En ese ambiente creado para el hombre común, todos son indulgentes entre sí, todo se lo perdonan mutuamente, todo se lo justifican, pero lo que no justifican de ningún modo es al artista. Este es una presencia perturbadora: para el hombre normal es el individuo de los excesos. Es cierto, el artista es el hombre de los curiosos excesos, de los exasperantes excesos, porque en él se dan simultáneamente y en toda su demasía los estados opuestos: el exceso de silencio junto con el exceso de expresión, el exceso de generosidad con el exceso de egoísmo, el exceso de altivez con el exceso de humildad, el exceso de seguridad con el exceso de desamparo, el exceso de pasión con el exceso de renunciación, el exceso de amor con el exceso de desamor. Para el hombre normal ese tipo de exceso constituye la marca del desorden, para el artista significa la señal de un vivir humano en plenitud. Sin lugar a dudas el hombre medio no es capaz de ningún tipo de exceso, todo lo vive en muy reducida escala; así vive sumergido en una abyección descolorida ( y por eso mismo doblemente abyecta) sustituye la generosidad por el trueque de favores ( y así logra suprimir aparentemente el egoísmo), sustituye la altivez, que es áspera e hiriente, por la vanidad, que es roma y chata; sustituye la pasión por la avidez y la codicia, y como es incapaz de amor, desconoce el desamor, con lo que el lugar que corresponde a ellos queda mondo y vacío para llenarlo con lo que menos le disgusta, desde un vínculo matrimonial, hasta el té de las cinco, desde los “amigos” de café, hasta las cenas de homenaje. Todos estos sentimientos descoloridos están servidos con la más exquisita pulcritud, de modo tal que adquieren todo el aspecto de virtudes, de virtudes también descoloridas; porque hay una sola virtud verdadera: la grandeza de alma, y esta sí la posee el artista auténtico. Pero no hay que ser totalmente injustos con el hombre normal: es capaz de sentimientos intensos, pero sólo en una dirección: es muy propenso al exceso de odio y resentimiento, entiéndase bien que llamo hombre normal no a la gran masa de humildes, oprimidos y descastados, sino a aquellos que tienen una participación activa en la conducción de la sociedad, a aquellos que forman la opinión e imponen normas.
Esta desmesura en los sentimientos coloca al poeta, como al criminal, fuera de la ley. Se lo acusa de locura o estupidez. Es el idiota que no comprende la vida: la vida que para el común de los hombres significa desgarrarse las carnes a dentelladas para conquistar el dinero con miras a obtener el poder, o para conquistar el poder con miras a obtener dinero. El artista pregona una riqueza inútil, la riqueza del espíritu. Busca en la vida un sentido que no es el de la vida práctica. Se convierte a su vez en testigo acusador de la realidad trivial, de la existencia sin sentido. El artista ofrece un mundo de valores distintos, los valores que surgen del vivir con autenticidad. El artista afirma su ser, y al afirmarlo, solo conquista la soledad, en un mundo de hombres que tienden a aniquilar su ser, disolviéndose en la masa, en grupo-masa que responden sólo a rótulos vacíos. El hombre común rehuye el problema de la soledad adoptando la vida vegetativa de las amebas; vive muerto.
En esta actitud de distanciamiento con su medio, el artista llega a una situación tal de desamparo en que se ve obligado a decir como Pessoa: “Nada me une a nada”.
Tal es la posición del artista en el área del hombre común. Pero se dirá: tiene a sus hermanos de sangre, los otros artistas. Nadie podrá describir en forma aproximada la intensidad de sentimientos que abarcan el odio, el resentimiento, la envidia, la indiferencia, abundantemente condimentados por la intriga, la calumnia, la deslealtad, la vileza, el despecho, la degradación, el saqueo, la estafa, que esos llamados “hermanos de sangre” tienen hacia un artista auténtico. En este caso especial suele despertar de un modo prodigioso la “imaginación” de estos “hermanos de sangre”, y entonces realizan una verdadera multiplicación de los pecados capitales, que como milagro no queda a la zaga de la multiplicación de los panes. Por eso el artista está todavía más solo entre los falsos artistas. Estos últimos forman una multitud desesperada en busca del éxito: se patean, se codean, se empujan, pero en definitiva se unen y se apoyan para defenderse del artista auténtico, porque ellos también tienen derecho a la vida. Y por ese derecho a la vida lanzan baratijas para consumo de los idiotas: cantidades innumerables de cuadros, poemas, novelas, teatro, que llegan por montañas, por toneladas, en medio de un alboroto de aplausos, exclamaciones, admiradoras radiantes de felicidad que se levantan las faldas para ofrecer su único don; y el éxito, la fama, los altavoces, los titulares, los afiches; los espectadores y los lectores mueren de un placer exquisito, y resucitan y vuelven a morir; las adolescentes agonizan en brazos de sus madres, ¡oh agonía del goce! Agobiado por tanto placer entran ganas de pedir: ¡Por favor sólo un segundo de respiro! Pero no: la inmersión, la asfixia en un torrente de deleites intelectuales, y nuevas toneladas de libros, de cuadros, hasta ya no poder más. Y entonces llega la industrialización de tan suculentos artículos de “goce”, con su cohorte de editores, productores, marchands, críticos, vendedores, promotores, sus investigadores de mercado, y la publicidad, la enorme, seductora y alucinante publicidad, que lleva de la mano al hipnotizado consumidor hasta esas quintaesencias del placer. Y entre los mercaderes del éxito y especuladores de la falsificación, el artista está solo; no, no está solo: lo empujan, lo patean, lo sacuden, lo chocan, lo derriban, en su desesperada carrera, aquellos que acuden sofocados a la distribución de premios, medallas, honores, pañuelos de seda, todo en un escenario sembrado de ramos de flores delicadamente envueltas en celofán, que rápidamente se vuelven malolientes, y de vaginas que aspiran a compartir la fama (el delicioso gusto amargo de la fama); y algo más allá la madre grita: “¡Oh, tengo un hijo genial!”, y el padre es tan dichoso que sólo le queda la salida del suicidio, y naturalmente se suicida, porque no hay nada como la procreación para crear un desmesurado sentimiento de culpa. Después de esa gran aventura sólo quedan pequeños plagios y algunos jirones de retórica. ¿Y acaso no basta? ¿No queda también después del amor, del más grande amor, un poco de ceniza?
Pero volviendo a un terreno menos agitado, nos encontramos con el solitario que ha sido escupido, vejado y derribado, y su cabeza minuciosamente pisoteada, porque hay que decir la verdad, lo han reconocido y lo han apartado de modo harto eficiente. De todo este acontecimiento, el solitario sólo conserva una gran fatiga y un sueño, un inmenso sueño. ¿Qué ha pasado? El solitario no comprende nada. ¿Acaso su vida difiere de los otros? ¿No come, bebe, se emborracha, fornica, fuma, juega a los naipes, sufre de gripe y de cólicos, cruza calles, se fractura, se baña en sudor, se baña en agua, toma vitaminas, purgantes etc? La misma jornada de todos. Pero su tiempo es otro; su tiempo de minutos infinitos, distintos, densos o fugaces, dilatados o sobrios, hórridos o resplandecientes, o hirientes, espinosos, cálidos. En todos esos minutos hay una partícula de un ingrediente secreto: una partícula de eternidad.
Es la gratuidad del arte, su absoluta inutilidad lo que constituye una afrenta para la mente común. Pero en esa inutilidad reside precisamente su importancia. Es tan inútil como el amor. Y el argumento de que no sirve para los fines prácticos de la vida, no queda sino rebatirlo con la aclaración de que no sirve para vivir, justamente porque es la vida misma. Arte y vida son términos ligados. El arte es un modo de manifestarse la vida, sin el cual queda mutilada. Pero ni lerdo ni perezoso, el hombre común ha sabido convertir el arte en mercadería, en valor cotizable en el mercado; le dio un precio a la inutilidad. Y al mismo tiempo que le daba un precio lo pervertía. Los mercaderes de obras de arte, los productores de libros: ¿en qué medida promueven la labor del artista? ¿En qué sutil medida, acaso, no van carcomiendo el espíritu del artista, no lo despojan de su autenticidad?
Hay otro motivo para la soledad. El artista penetra en las comarcas inexploradas, en esa selva virgen del espíritu donde habitan los más terribles engendros del terror y de la angustia. Es la zona de todos los riesgos. Allí nadie lo acompaña. Está solo con su delirante empeño de penetrar en lo más profundo, en lo más denso, en alcanzar lo más distante, lo inalcanzable. Así penetra en la comarca del amor hasta su último límite para descubrir su apasionante misterio., allí donde el placer físico y la unción religiosa se encuentran, allí donde se produce la metamorfosis de la carne en espíritu, allí donde el amor aparece como principio y fundamento de todas las cosas, y la ley única que preside a todos los movimientos posibles.
Esta exploración por territorios nunca transitados es la que rehuye el hombre común. El artista es un exiliado más allá de las fronteras de una vida social. Ya no se trata de ser pisoteado, se trata de algo más grave: nadie lo acompaña. Pero el artista no tiene vocación de soledad, todo lo contrario: tiene la vocación del amor, y ese amor se vuelca hacia el universo entero, y en primer término hacia los otros hombres, hacia todos los hombres. No ve en ellos maldad, sino simplemente desamparo. Los ve más terriblemente solitarios que él mismo, en medio de su bullicio y de su simulada alegría, y los ve más solitarios porque ignoran serlo, con lo que su soledad no tiene salida, creando esa angustia y ese malestar que desemboca en la agresividad y en el odio. Ama a los hombres, y para ellos es su mensaje, no para sí mismo, nunca para sí mismo; pero los hombres lo rechazan, porque quieren ignorarlo todo, porque tienen miedo al pánico de una revelación que los dejara tocando la nada con dedos que tiemblan.
Siempre hablo del arte en función de su contenido poético, y este contenido es el que impulsa al artista hasta el último límite. Lo poético es esa mano que no tiembla y atraviesa el plomo. La poesía desintegra lo compacto, tiene el ácido irresistible que corroe las convenciones, que pone en evidencia la fragilidad de lo falso. La poesía es la máquina infernal que hace explosión en medio del letargo de un mundo sin sentido. Porque la poesía no tiene por objeto la búsqueda de una belleza serena y estática, sólo tiene por objeto la creación de esa máquina explosiva, la máquina que pretende arrancar al hombre de su letargo. Un verdadero poema debe transformar al lector que lo comprenda. Después de entrar en contacto con el poema, ese lector ya no será el mismo hombre.
El artista no se representa a sí mismo en su obra, sino al hombre en sí, a todo hombre. El pronombre que usa no es yo, sino nosotros. Representa al hombre cabal que hay en el interior de cada uno de nosotros, aunque lo neguemos; representa la rebelión de ese hombre sumergido en un mundo de mentiras, en el que se predica la libertad para ofrecer la esclavitud, en el que se predica el amor para ofrecer el odio.
Por eso la poesía tiene que ser extraña, difícil e hiriente. Pero por sobre todo tiene que ser inmaculada. ¡Qué ninguna mano sucia se pose sobre ella! Ninguna mano sucia, entiéndase bien. Puede soportar la risa, la sorna, el más estúpido gesto de incomprensión, pero ni el más mínimo contacto con una mano sucia. Y es una misión fundamental en el poeta mantener alejada su obra de esa mano, llámese el que la lleve crítico, poeta, amigo o transeúnte.
Sobre el mundo de la simetría y el orden el artista construye el magnífico imperio del desorden. Y hay desorden hasta en la obra de Mondrian, pues, ¿qué otra cosa sino desorden puede provocar una obra que aparta al hombre de la rutina cotidiana para lanzarlo a un universo de claridad y pureza indescriptibles? Ese imperio del desorden es un imperio de libertad, por eso todos los buscadores de un “nuevo orden” son promotores de esclavitud.
En realidad, el artista va a la conquista de ese estado superior del hombre en el que las palabras orden y desorden no tiene sentido. Pero la conquista de ese estado humano más alto no se logra sin dolor. En ese sentido, el arte es una experiencia de vida de una intensidad sin precedentes para el hombre medio, es la vida colocada a un grado de alta tensión. No se puede compartir ese estado, y el artista sufre el aislamiento con que se prescribe a los enfermos contagiosos.
El problema de la soledad es el problema esencial del hombre, y está ligado al problema de la incomunicación, que se ha constituido en el gran tema de nuestro tiempo: toda la literatura y el arte moderno están cargados de él. En cuanto al hombre común, decide ignorarlo y se aferra a los medios de información masiva que en gran escala ha lanzado la técnica moderna y que constituyen en realidad falsos medios de comunicación. El resultado es una soledad cada vez mayor del hombre, adherido a los periódicos, la radiotelefonía, o la televisión, como un apéndice vacío de humanidad. Pero la gran humorada, el terrible sarcasmo, es que aquellos falsos artistas, que por razones de insensibilidad no sienten ni pueden sentir la angustia de la soledad, la pregonan con gran altisonancia en sus versos, en sus prosas o en sus cuadros, que son todos productos de la cocina bastarda con la que se desfigura un problema que el artista siente y expone como arquetipo del hombre auténtico. Y el asunto ha llegado a un grado tal de mistificación que es el momento oportuno para decir: ¡Basta ya de soledad!


miércoles, diciembre 26, 2007

"Abrazo de Amantes II" de Egon Schiele (copia)

Este trabajo lo recibí a manera de obsequio en esta reciente festividad. Corresponde a una copia de Egon Schiele "Abrazo de Amantes II". Fue realizada con pastel graso sobre papel hilado, posteriormente fijado para su conservación. Sus dimensiones aprox. son 60 x 40 cm.

Sobre el trabajo mismo, creo que esta bastante logrado, ya que capta la escena con mucha precisión y supone un uso habilidoso del pastel sobre todo en las mezclas de tonalidades. Lo anterior considerando que el original es un óleo donde las veladuras y transparencias se superponen en complejas tramas de texturas visuales, que dotan de sentido al gesto mismo de la composición como soporte expresivo. Esta propuesta de Schiele, recoge la tradición de la Secesión Vienesa de la cual el artista es el más notable heredero, resolviendo aquella herencia mediante el uso de un original lenguaje expresivo, transformando y otorgando validez al universo pictórico de sus antecesores, sobre todo a partir de su fructífera amistad creativa con Gustav Klimt (harto notoria en esta obra).

Agradezco a la autora de este trabajo por su delicadeza y esfuerzo, por la exactitud y el gusto por el disfrute visual, además de su esmero y generosa compañía.

Muy acertada elección y excelente desempeño plástico. Gracias por tu regalo. En verdad me sorprendió...

jueves, diciembre 20, 2007

Appassionatamente


Éxtasis, provoca cada pincelada hecha sobre la tela.
Embriagada, por cada haz de luz saliendo desde sus entrañas
Resplandecido el camino, irrumpes en mi viejo mundo de oscuridad, para resquebrajarlo por completo.
Un terreno donde tú, haz de luz, llegas para quedarte y dar un nuevo paso, hacia un mundo nuevo, distinto, lleno de color.
Donde árboles fantasma, nacen a la nueva vida dada en pinceladas.
Caricias de tus manos, aquí eres vital, eres tan tu…
Ni el verde de un Tiziano en su arrebato, te ocultan en sus mezclas de colores.
Has explorado tu genio y encontrado tu propia voz, libre de cualquier compromiso que no sea el contraído contigo mismo, realizas obras insólitas, con nuevas perspectivas.

No seas tímido en tu quehacer, bienhechor de caricias pinceladas, nos llenas la vida de colores.

¿Alguna vez me gustaron mas las nubes que ahora, últimamente, mostrandolas de este modo?

Amo tu obra, amo una parte de ti.
Amo tu humor Mr Grinch.
Reconozco tu valor.
Déjame ser, sin abrumarte.

Siempre combativo, apasionado, rompiendo con la luz y el color establecido, buscando, buscando, encontrando un destino, un nuevo paradero, con fuerza.

Puedo combatir, no contra un destino
Más si contra mi destino
Para rebelarme a mi, para luchar con fuerza
La derrota obvio.

Aunque en contra del amor,
Dejarlo en el pasado, el pasado
No hay vía de escape.
Nosotros somos siempre, nosotros.

"El Principito" - Antoine de Saint- Exupèry (Soy Responsable De Mi Rosa...)


Apareció entonces el zorro;
-Buenos días-saludó el zorro.
-Buenos días-contestó amablemente el principito que al darse vuelta en dirección a la voz no vio a nadie.
-Si me buscas, aquí estoy-aclaró el zorro- debajo del manzano...
-Pero..., quién eres tú?-preguntó el principito- Eres muy hermoso...
-Soy un zorro-dijo el zorro.
-Acércate..., ven a jugar conmigo-propuso el principito- Estoy tan triste!...
-Jugar contigo? No..., no puedo-dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
-Ah! Perdón-se excusó el principito.
Interrogó, luego de meditar un instante:
-Has dicho "domesticar"? Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí-afirmó el zorro- Puedes decirme qué es lo que buscas?
-Busco a los hombres-respondió el principito- Dime, qué significa "domesticar"?
-Los hombres-intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Eso es bien molesto. Crian también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas, verdad?
-No-dijo el principito- Busco amigos. Qué significa "domesticar"?
-Ah!..., es una cosa muy olvidada-respondió el zorro- Significa "crear lazos".
-Crear lazos?-preguntó el principito.
-Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas..., sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo...
-Creo que empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor... Creo que me ha domesticado.
-Es probable-contestó el zorro- En este planeta, en la Tierra, pueden ocurrir todo tipo de cosas...!
-Oh! No es en la Tierra-se apresuró a decir el principito.
El zorro se quedó no menos que intrigado.
-Acaso en otro planeta?
-Sí.
-Puedes decirme si hay cazadores en ese planeta?
-Oh, no! No los hay.
-Me está resultando muy interesante, Hay gallinas?
-No.
-No existe nada que sea perfecto-dijo el zorro suspirando.
Luego prosiguió:
-Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Francamente me aburro un poco. Estoy seguro que..., si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo...
El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.
-Por favor... domestícame!-suplicó.
-Lo haría, pero... no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
-Sabes...? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro. Los hombres carecen ya de tiempo. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Y... como no existen mercaderes de amigos, es muy simple, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!
-Y... qué es lo que debo hacer?-preguntó el principito.
-Debes tener suficiente paciencia-respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mi sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Cada día podrás sentarte un poco más cerca.
Al otro día el principito volvió:
-Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; comenzaré a descubrir el precio de la felicidad! En cambio, si vienes a distintas horas, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-Qué son los ritos?-preguntó el principito.
-Se trata también de algo bastante olvidado-contestó el zorro- Es aquéllo que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un maravilloso día, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.
Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:
-Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
-No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño...
-Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
-Pero dices que llorarás!
-Sí-confirmó el zorro.
-Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
-Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.
Luego sugirió al principito:
-Vuelve y observa una vez más el jardín de rosas. Ahora comprenderás que tu rosa es única en el mundo. Cuando vuelvas para decirme adiós, yo te regalaré un secreto.
Se dirigió el principito nuevamente a la rosas:
-En absoluto os parecéis a mi rosa. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Así era mi zorro antes, semejante a cien mil otros. Al hacerlo mi amigo, ahora es único en el mundo.
Las rosas se mostraron ciertamente molestas.
-Sois bellas, pero aún estáis vacías-agregó todavía- Nadie puede morir por vosotras. Es probable que una persona común crea que mi rosa se os parece. Ella siendo sólo una, es sin duda más importante que todas vosotras, pues es ella la rosa a quien he regado, a quien he puesto bajo un globo; es la rosa que abrigué con el biombo. Ella es la rosa cuyas orugas maté (excepto unas pocas que se hicieron mariposas). Ella es a quien escuché quejarse, alabarse y aún algunas veces, callarse. Ella es mi rosa...
Regresó hacia donde estaba el zorro:
-Adiós-dijo.
-Adiós-dijo el zorro- Mi secreto es muy simple: no se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el principito a fin de acordarse.
-El tiempo que dedicaste por tu rosa, es lo que hace que ella sea tan importante para ti.
-El tiempo que dediqué por mi rosa...-repitió el principito para no olvidar.
-Los hombres ya no recuerdan esta verdad-dijo el zorro- En cambio tú, por favor... no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
-Soy responsable de mi rosa...-dijo en voz alta el principito a fin de recordar...

jueves, diciembre 13, 2007

Despedidas...

Hay miles de formas de decir adios, he aquí algunas.

Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

(Jorge Luis Borges)
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Despedida

A punto de morir,
vuelvo para decirte no sé qué
de las horas felices.
Contra la corriente.

No sé si lucho para no alejarme
de la conversación en tus orillas
o para restregarme en el placer
de ir y venir del fin del mundo.

¿En qué momento pasa de la página al limbo,
creyendo aún leer, el que dormita?
La corza en tierra salta para ser perseguida

hasta el fondo del mar por el delfín,
que nada y se anonada, que se sumerge
y vuelve para decir no sé qué.
(Gabriel Zaid)
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DESPEDIDA

El camino, despacio,
retrocede a nuestras espaldas.
Todos los árboles se han alejado
hacia el poniente.
Todo en la tierra
se aleja alguna vez.
La luna y el paisaje.
El amor y la vida.
El reloj, en mi muñeca,
dice que son las cinco de la tarde.
La hora de los adioses,
la hora en que la misma tarde
agita nubecillas en despedida.


(Jorge Debravo)
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Ella se siente...

Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa
como fruto devorado adentro
por pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve
en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera
una naranja jugosa
en la mano de un niño
-no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara
-no pesado silencio-
alguna vez escuchada.


Adiós

Con los ojos de la despedida
os vi aquel día,
cosas de nuestra vida.
Con los ojos de la despedida,
la vida parecía
una cosa perdida.
La casa estaba vacía
en la hora de la despedida,
y sin embargo quedaban
las cosas de nuestra vida.

(Alaíde Foppa)

miércoles, diciembre 05, 2007

De la Escritura...




"Para mí, el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que hacen las palabras."

Truman Capote, narrador

La escritura acomete su labor, independiente de si nos empuja o resucita.

La escritura anuncia tiempos mejores, en medio del desastre de quien la conjura. Es el ejercicio de la colaboración mutua, entre el dolor vivido y la placidez instintiva, el fulgor inicial y la insondable fantasía. Uno escribe como si le dictaran y en el trance hipnótico verbal, redacta sendas cartas a esos invitados infinitos, como si aceptara ser partícipe de reuniones a larga distancia.

El que escribe aplaza su vivencia real, por el lugar que acomoda para sus convidados, dentro de un disfrute personal o para sugerencia de un legado, estructurando un universo que en la realidad cotidiana, le es dado en el fantasear mismo del hacer coexistir: juego y experiencia misma. En la concreción de unidades de sentido, que hace propia en el hallazgo de su identidad vital, lúdica y creativa.

El escribiente construye con la dermis de su piel, en un proceso a veces complejo, donde cruza trazas de momentos con variaciones inextricables de sus vivencias, en la escenografía recóndita que cada albor imaginativo le sugiere.

Aquel que hace de la escritura su oficio, suele verse rodeado de sonidos lujuriosos o apabullantes silencios. En medio de los cuales organiza, espacios densamente habitados o proyecta las soledades más abruptas, mientras tiende puentes o abre unos abismos inescrutables.

La escritura recoge nuestras apariencias del mundo y las eleva o las sumerge, al tiempo que especula con la realidad y la desnuda, la recubre o la re inventa tantas veces, hasta volverla indescifrable. El acto creativo se transmuta en equilibrio con el medio ambiente. Se hace partícipe de la coreografía de la vida misma, la confunde. Quien explora estos terrenos nunca tiene demasiado claro, dónde está plantado o cual es el horizonte que debe perseguir. Se nubla. Enceguece sus sentidos y a la vez alumbra. Ilumina con desvelo aquella habitación secreta donde se trabaja.

Escribir es entregarse a los ramales de la experiencia misma, bordeando una alameda en sombra permanente, en medio de truhanes y personajes en ciernes, bosquejados con seguridad y dotados de un perfil ad-hoc a la propuesta. Sea que se trate de una mínima silueta, o de una concepción marmórea que establezca con suma transparencia, el papel que el autor ha asignado a cada uno.

Finalmente. Escribe quien espanta, quien elabora estructuras de sentido. Quien anhela. Aquel que está perdido de cierta manera, o el que busca una respuesta de alguna forma. Quien acude a satisfacer un placer o una ilusión, o quien aspira descubrir sus propias cotas técnicas. Quien no debe y quien no tiene idea total, es el espejismo idóneo a todos los participantes de esta fiesta. No discrimina, ni en el resultado ni en la calidad de su recepción definitiva, así las cosas, nada más escriba.

jueves, noviembre 15, 2007

De las Artes...

La función cognitiva de las Artes Visuales

"El medio es tan poco importante como yo mismo. Sólo es esencial lo que se hace. Puesto que el medio carece de importancia, utilizo cualquier clase de material que el cuadro exija. Cuando combino materiales diferentes, he dado un paso adelante con respecto a la simple pintura al óleo, pues además de utilizar un color junto a otro, una línea junto a otra, una forma junto a otra, etc., hago lo mismo con distintos materiales, madera y arpillera, por ejemplo. A la visión del mundo de la cual nace este tipo de creación artística la llamo "Merz"."

Kurt Schwitters

Para abordar esta llamada: función cognitiva de las Artes, es necesario establecer que todo lo relativo a los procesos orgánicos, que permiten una elaboración de la conciencia, están al amparo y son parte fundamental del fenómeno cognitivo. En un entarimado de complejas relaciones, que la mente establece de acuerdo a su grado de conexión con el medio. Por tanto, toda maniobra mental es cognitiva, cuando somos partícipes de la toma de conciencia de un algo aparte. Diferente. De una especificidad que nos atañe, o de una resolución que emprendemos y nos sirve, de vaso comunicante con el mundo externo, en su enfrentamiento con nuestros pre conceptos, más comunes.

Si a lo anterior sumamos, el que las Artes nos ayudan a ver la realidad desde una perspectiva determinada, dinámica, comprenderemos que su función cognitiva, va a la par con el descubrimiento de nuevas asociaciones y por lo mismo, somos concientes de su importancia, como una disciplina vívida, que promueve la modificación de nuestra mirada, y el establecimiento de comportamientos saludables y flexibles. Al tiempo que propiciamos un anhelo de ampliar los horizontes, inquiriendo nuevos detalles sobre el universo de las manifestaciones humanas; lugar desde donde podemos establecer nexos, con aquellas miradas que le son propias, al mundo plástico audiovisual.

Otra función que es necesario señalar, es aquella que se refiere al manejo de situaciones que nos acercan a bordes o ambigüedades, y de cuyo manejo conceptual la Historia del Arte, ha dado cuenta en innumerables oportunidades. El conocer y por tanto validar esta función cognitiva, tiende puentes hacia aquello que nos supera, o que está más allá de nuestro mundo familiar, de comportamientos habituales y de estructuras de pensamiento, afincadas en la seguridad de nuestro hacer.

Como experiencia de comprensión las Artes Visuales, predisponen a una cercanía con la interioridad del ser. Y en el caso de quienes viven en su práctica, los insta a verse así mismos, de manera que sean capaces de reconocerse y reconocer al resto de sus iguales; haciendo visible los lazos que nos unen a un mismo tiempo, con otras miradas distintas e inexploradas.

Las Artes Visuales, cubren un amplio y surtido espectro de variables, a las que debemos enfrentarnos cotidianamente. Como la apreciación de las manifestaciones humanas, inextricablemente unidas a nuestras actuales y pasadas formas de ver y de nombrarnos. A los efectos que estos estímulos despiertan en nuestra sensibilidad, y a la pugna permanente con aquella construcción solidificándose en nuestra mente, y que de manera soterrada y silenciosa, solidifica nuestra capacidad para percibir y disfrutar, del crisol de estímulos, a los que a diario estamos expuestos.

miércoles, noviembre 14, 2007

De la práctica de las Artes...


"Las formas se me hacen reales conforme trabajo. En otras palabras, en vez de ponerme a pintar algo de manera premeditada, comienzo simplemente a pintar, y al hacerlo, el cuadro empieza a manifestarse o a insinuarse bajo mi pincel. La forma se va convirtiendo en signo de mujer o de pájaro."

Joan Miró

Recuerdo una época cuando por el tiempo disponible, escribía bastante sobre qué podría constituir el término Arte. Desde una perspectiva poético-filosófica, estructurada por el no despreciable contenido vivencial de mis años de práctica, en algunas disciplinas que podríamos adscribir al copioso universo del Arte. Llámese dibujo, pintura, grabado y otras, de las que habitualmente damos en llamar: Artes Plásticas, o más exactamente Artes Visuales.

Evidentemente esta práctica, fue constituyéndose a partir de su componente vivencial, de un individuo tal que hace y aprende en el mismo instante de ejecutar una labor, sea esta pintar con diversos materiales, dibujar en distintos soportes, o bien producir textos poéticos, sin el influjo de escuelas o talleres literarios, grupos de amistades o apadrinamiento alguno. Provisto sólo del afecto y la cercanía que determinados autores con sus obras, despertaban una y otra vez en mí.

Me preguntaba constantemente acerca de cuál sería la definición más acertada al respecto o, de cuántos de nosotros participamos realmente, de este vital y energético influjo, entendido como una disciplina llena de vibrantes posibilidades de expresión.

Supongo que en aquel tiempo mis reflexiones tenían bastante que ver, con el mundo de la carrera que había terminado recién, e igualmente, con aquella nueva en la que me estaba adentrando.

De mi primera carrera egresé con muchas preguntas y es claro, que la del significado del Arte fue la principal o al menos, la más recurrente. De hecho, si analizo mis concepciones caracterizadas como “artísticas”, de mi etapa escolar y media, debo reconocer que no distaban mucho, de aquellas con las que concluí mi formación como Licenciado en Arte.

De las mismas admito que eran, bastante inocentes e ingenuas por no decir ignorantes de frentón. Lo anterior aún cuando para mí, la práctica de una disciplina plástica era un asunto habitual, constantemente refrendado por galardones y participaciones destacadas, en concursos y eventos del ámbito de las Artes Plásticas y, alguna que otra vez, del mundo literario adolescente, aunque harto más acotado.

De la pregunta por el significado del Arte, puedo decir que nunca se responde del todo. Como aquella interrogante sobre la Cultura, o sobre la pertinencia de una u otra forma de expresión plástica.

Ahora, si se trata de ponerse específicos diré que en Artes, las palabras son como esos sólidos, que desaparecen así de fácil, citando a Wittgenstein o más bien, jugando con su decir. En Artes se juega, se prueba, se entrelazan las experiencias, se nutre de ellas cada individualidad. Se expresa aunque sea en disonancia. Es el sentido más auténtico y al tiempo dinámico, que he podido atesorar del Arte. Y ni siquiera diré del Arte con mayúsculas, como de ese que resplandece en los altares de los tiempos históricos; desde los avatares clásicos de los griegos y muchos antes.

Practicar una disciplina de manera constante, implica poner los ojos en la tierra, pero muchas veces, los pies en el aire. Porque la experiencia creativa de producir un algo, donde antes nada había, supone un encuentro con la variabilidad y el destiempo. Con aquello que nos intimida y revoluciona. El mundo mismo de cuyo amparo a veces huimos. El que hace un trabajo o elabora una propuesta, está cimentando sobre su propia vivencia, única, intransferible, irrepetible y no sujeta a la mirada de terceras personas. Al menos, no en una primera instancia. Hacer es crucial para el Arte. Se construye mientras se anda y a la vez, se deja atrás o se destruye y abandona, con la virulencia o placidez, de una justa misteriosa, de la cual nunca tenemos muchos antecedentes.

Aquel que vive su tiempo, desde su aprendizaje plástico o literario, va armándose por un sendero a ratos, lúgubre; pero por momentos también luminoso. Como si las fases de un mismo día se sucedieran sobre nuestra frente, a medida que avanzamos en el andamiaje insospechado de una propuesta.

Ahora, cuando se trata de aunar estas esferas de pensamiento, y ponerlas en un mismo sitio, es natural que se aprecien aquellos contrastes tan propios de la naturaleza humana. Sobre todo cuando se trabaja con las sensibilidades y los paradigmas particulares de cada uno. Pero es esto mismo, lo que a la larga nos permite dilucidar de alguna manera, lo que es el Arte, como una muestra de vitalidad y convivencia interminable y dinámica. Instalados en la reflexión que implica el ejercicio de mirarnos, en la trastienda de nuestros propios deseos, anhelos y reflexiones. Al descampado de nuestras seguridades y en el entendido, que las direcciones que seguimos suelen ser a menudo, contradictorias.

Tomemos por ejemplo la plástica, como un mundo de sentidos que me resulta muy familiar. En pintura puedes comenzar tu aprendizaje, ya sea por la vía oficial es decir: en cursos, escuelas, talleres libres o en la academia (Bellas Artes o Universidades); la llamada senda “oficial” que a menudo facilita y acorta los tramos que un aprendiz, al menos en teoría debiera transitar. Pero sucede que a veces, uno se siente tentado a evitar esos círculos “oficiales”, y se dedica más bien a una búsqueda personal de referentes y resultados. La vía “autodidacta”. Aconsejable para ciertas formas mentales, que sean capaces de superar su propia y natural tendencia a la autocomplacencia, y al logro efímero, de metas relativamente fáciles. Ejemplo. Si eres un pintor realista o naturalista, riguroso con el oficio para obtener el máximo de parecido con tu modelo, es altamente probable que estés familiarizado con ciertos patrones de trabajo, constantes y adecuados a tu práctica pictórica. Y no seria extraño que dicho repertorio de recursos, en algún momento de tu hacer plástico, volvieran tu ejercicio cotidiano en una rigidez de mirada, que te impida digamos, percibir las ambigüedades propias del ambiente, como pueden ser los propios conceptos, o la que consideramos nuestra realidad inmediata. La utilización de los instrumentos técnicos, o la mentada relación problemática con las Musas. Cualquier aspecto de esta inmovilidad, lesiona nuestra libertad para concebir mundos nuevos, en planos que hasta entonces nos parecían, inasibles o demasiado intrincados; complejos o inadmisibles. Para el pintor clásico, de procedimientos tradicionales y mirada estática, no hay un margen que traspasar y menos, un linde por descubrir. Lamentablemente y al contrario a lo que suele pensarse, en pintura esto ocurre bastante.

¿Podría suceder lo mismo con la literatura?

Es factible. Si nuestro mentar sobre lo que escribimos, se remite solamente a pasajes de un léxico de anticuarios. O nuestro pensamiento se fija en la estructura o el entarimado externo, sin mediar un vistazo casi (saludablemente) infantil, al jardín abandonado de nuestros sentimientos, o al universo paralelo del patio de enfrente. Escribir no es muy distinto de pintar, las luces y sombras, los colores y texturas, tienen su correlato en la escritura y muchas veces, existe una hibridación que da lugar a formatos sorprendentes, como ocurre con el teatro o con el cine.

Ahora, sobre escribir como experiencia de auto-conocimiento y exploración, creo necesario establecer algunos puntos referenciales. Aquel que ejecuta esta labor expresiva, muchas veces lo hace en el entendido de que es su voz, la que deviene plasmada como un trasvasije, de repertorios relativos a la propia identidad. A la manera de un traslape o proyección del cosmos interno, aún si lo descrito en el texto es real, inventado o una mixtura indistinta y homogénea. El poder que el autor confiere a su escrito, rebasa con creces aquello que el mismo esperaba obtener, siempre y cuando se lo permita o se autorice a hacerlo. Y me refiero a poner en líneas, con autenticidad y sentido lúdico, sus motivaciones y aquello que a primera vista, no resulta tan evidente. He ahí la magia del texto.

Finalmente, considero oportuno realizar un alcance. El Arte como actividad humana soporta mucho sobre sus hombros pero la idea, es subirse en ellos a disfrutar de sus muchas y siempre florecientes posibilidades. Como si fuera un poco juego y un tanto de risa, una medida nada despreciable de diversión, y una pizca de bibliotecaria seriedad. Hacer Artes es vivir en un sentido diferente cada día, respirando la sutileza cambiante de nuestra realidad, sin la prisa enervante del tráfago cotidiano. Significa aprender poco a poco, a amar lo que eres y tratar de manera cariñosa tus propias acciones. De la forma cooperativa o combativa que prefieras, dando siempre la pelea a fondo y respetando tus ideales, sin considerarlos tótem ni monumentos de piedra inerme, carente de perspectivas. En resumidas cuentas, practiquemos el Arte como si fuera, nada más que vida perfumada a nuestro alcance.

jueves, marzo 15, 2007

Grabados en distintas técnicas...

Dentro de esta serie de grabados hay: punta seca, aguafuerte, litografía sobre metal y a la manera negra...




viernes, febrero 09, 2007

Nuevo año... ¿Vida nueva?...

Este texto poético de Enrique Lihn, me hace mucho sentido hoy... En todo caso, siempre ha estado ahí, como acechando, hasta que su virtualidad como texto, se hace patente en las vivencias, como una profecía, un relato de algo aproximándose...



PORQUE ESCRIBÍ


Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces

De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.


domingo, noviembre 19, 2006

Esta es una brevísima selección de un texto que me parece, ideal, para estos días...

“Todo lo que ocurre, cuando tiene importancia, es contradictorio por naturaleza. Hasta que apareció aquella para la que escribo esto, pensaba que las soluciones para todo se encontraban en algún lugar exterior, en la vida, como se suele decir. Cuando la conocí, pensé que estaba aprehendiendo la vida, aprehendiendo algo en lo que podía hincar los dientes. Y en cambio, se me escapó la vida de las manos. Extendí los brazos en busca de algo a que apegarme... y no encontré nada. Pero, al hacerlo, con el esfuerzo por aferrarme, por apegarme, descubrí, pese ha haber quedado desamparado, algo que no había buscado: a mí mismo.
Descubrí, que lo que había deseado toda mi vida, no era vivir sino expresarme. Comprendí que nunca había sentido el menor interés por vivir, sino sólo por lo que ahora estoy haciendo, algo paralelo a la vida, que pertenece a ella y al tiempo la sobrepasa . Lo verdadero me interesa poco o nada, tampoco lo real, siquiera: sólo me interesa lo que imagino ser, lo que había asfixiado día a día para vivir. Morir hoy o mañana carece de importancia para mí, nunca la ha tenido, pero no poder siquiera hoy tras años de esfuerzo, decir lo que pienso y siento... eso si me preocupa, me irrita. Desde la infancia me veo tras la pista de ese espectro, sin disfrutar de nada, sin desear otra cosa que ese poder, esa capacidad. Todo lo demás, todo lo que hiciera o dijese en relación con eso, es mentira. Y es, con mucho, la mayor parte de mi vida…”

“Eso de tomar las cosas muy en serio... recuerdo que no me apareció hasta la época en que me enamoré por primera vez. Y ni siquiera entonces me las tomaba bastante en serio. Si lo hubiese hecho de verdad, no estaría ahora aquí escribiendo sobre eso: habría muerto de pena o me habría ahorcado. Fue una mala experiencia, porque me enseño a vivir una mentira. Me enseño a reír cuando no lo deseaba, a trabajar cuando no creía en el trabajo, a vivir cuando carecía de razón para seguir viviendo. Incluso cuando la hube olvidado, conservé la costumbre de hacer aquello en lo que no creía.”

Henry Miller “Trópico de Capricornio” fragmentos II y III

martes, septiembre 26, 2006

Paisaje, puro paisaje...

Los paisajes constituyen dentro de la historia de la pintura, o mejor dicho del ejercicio de esta, una temática de larga tradición en cuanto miradas y formas de enfocarlo, abarcarlo y llevarlo a la práctica. Lejos de querer dictar cátedra al respecto, creo necesario dejar lanzada una pregunta: ¿cuántas modalidades de paisaje podemos reseñar brevemente, así, al paso? Pienso en esto, porque hace rato que el pintar un paisaje se ha transformado en anécdota, en paisaje de pasaje humano, a veces anodino, que dice poco o casi nada. Hay que plantearse nuevas posturas y maneras de resolver al respecto.

Paisaje puro paisaje, puede ser considerado un ejercicio de horror, por la falta de un paisaje para el autor, que aquí mismo se refiere sobre su trabajo y la presunta autoría, en tercera persona, ¿ridiculez? ¿ausencia de ilusión? veremos en futuras entregas, qué sucede...






viernes, septiembre 22, 2006

Paisajes varios...

Se trata de paisajes, casi todos producto de una fértil imaginación (¿...?), algunos más fantásticos que otros... los hay al óleo y dibujados con tinta china, acuarela y estracto de nogal.





viernes, septiembre 15, 2006

Primeras Pinturas...

Estas son pinturas de los inicios en la técnica del óleo, al menos en lo que a mi concierne. Se puede apreciar la aplicación del material de manera algo tosca, o el uso restringido de la paleta de colores. En esos días no había puesto mucho ojo en el oficio...





Del proceso de aprendizaje...

Estos son dibujos antiguos, de la etapa de aprendizaje, o del primer aprendizaje para ser más exacto. Como casi siempre ocurre, estan enfocados a un hacer académico; lo que no es difícil de observar, tanto en la temática como en el uso del material escogido...






sábado, septiembre 02, 2006

Artes

Artes



Para escribir- escribir he pensado, se requiere de paz o a lo Raymond Carver, de sólo unos valiosísimos instantes, en relativa paz.
Se supone que el arte debiera funcionar como un escape frente el continuo enfrentamiento con la realidad, en tanto brutalidad y paranoia. Como un momento de dispersión y creación que nos aparte del mundanal ruido. Y se supone, aclaro…
Pero, envueltos en la virulenta maraña de relaciones sociales, compromisos económicos y deudas emocionales, la verdad es que el quedarse por ahí, destinando algunos míseros pero, preciosos momentos a la propia reflexión, se ha tornado un tema, cada día más cargado al ripio y a las basuritas varias: laborales, hogareñas, o del puro y santo desgano o la pereza mental, ya lastimosamente instalada.
Un punto, una arista del problema resida quizá, en el hecho de que carecemos de la voluntad de auto examinarnos, que creo, es fundamental para decir algo acerca de nosotros mismos o del resto. Para arremeter aunque sea someramente, los corpúsculos diversos que componen nuestros días, esa cotidianeidad por momentos, tan amarga. Falta el ejercicio intelectual, esto es muy cierto, pero también la mirada lúdica y desprendida que hace posible, el tomar las propias vivencias, primero: con la natural cercanía y luego, con la distancia suficiente para administrar lo que de ahí sale, creativamente expulsado, a la velocidad de un recuerdo memorable.
Tenemos por lo tanto dos barreras naturales. La primera, la gimnástica, producto de la ausencia de una disciplina básica; la de tomar un lápiz, un teclado o lo que mejor nos parezca, y luego ponernos a lanzar trazos constructores por aquí y por allá. Y la segunda, que implica un desuso, un abandono de nuestra facultad de ver con la retina desprejuiciada de los infantes. En un dejar de lado progresivamente, ese ánimo de lanzarse a jugar con la materia, para manipularla fascinados de su maleabilidad. Esto nos ha complicado bastante la vida, como posibilidad de crecer en el auto conocimiento, guiados por el mero ejercicio del escribir, o del redactar una experiencia determinada, haciéndola propia en cuanto concierne a sus valores y circunstancias.