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miércoles, abril 02, 2008

Distancias... Reestreno Por Largas Esperas




Esta noche, podría esperar desnuda tu cuerpo o podría quedarme en mi puesto de venta de No Ilusiones, vestida hasta el cuello en aquel rincón oscuro.
Sin embargo te espero, sabiendo que no llegaras y la voracidad de mujer contenida, sube por el espinazo hasta llegar a la nuca, para luego bajar sinuosa, hasta mis piernas que tiemblan.

Quizás finalmente llegues esta noche y que los movimientos y fluctuaciones de tu carne sobre mi, sean un mejor consuelo que mis propios dedos húmedos recorriendo mi clítoris.

Me siento en aquel rincón, vestida de vieja anacoreta… la venta de no ilusiones va bastante mal…


La vida es hermosa, pero duele a veces, es un dolor desde las entrañas, es un dolor de las no ilusiones, un dolor de prohibición, dolor de aquella ilusión del placer deseado, por el primer y los subsiguientes dolores de la prohibición de las distancias. Duele morirse de ganas y saber que la noche no te deja tocar la luna.

Me he quedado en aquel rincón de penitente, sin morir, sin morir de aquella magia asesina tan exquisita que son los cuerpos unidos y entrelazados cual orgía de serpientes.
La anacoreta muere, desea ser usada, asesinada, resucitada, sacudiéndose, deslizándose, transpirando, oliendo, queriendo, queriendo…

La muerte del día a día me tiene con la piel verde, me tiene envenenada, pues soy mujer de fuego, la lava destruye los órganos, las entrañas me queman.
Entonces, solitaria me proyecto en mi propio haz de luz, abriendo los brazos, abriendo las piernas, recordando aquel placer de la luna que se niega a ser besada, bebida hasta la última gota.

La noche avanza como penitente voluntaria y es en este instante que tu finalmente llegas, con tus sombras azules, diciendo la palabra mágica, después de tantas soledades marchitas.
Te abalanzas con instinto de animal hambriento, muerdes, rozas, besas, bebes todos los fluidos. Sin embargo, extraño tu risa y mientras te miro con aquella contemplación de mujer deseosa, me río, me río con la risa que le damos a nuestra falsa mitad… y no te vendo ilusiones. No se las vendo a quienes no creen en el amor y se conforman solo con vegetar en el placer…

Te pregunto, ¿no te habías dado cuenta?, me miras y finalmente me tomas en serio, me miras dulcemente y me abrazas, salimos desnudos a recorrer aquel campo de trigo recién espigado.

El rincón oscuro desaparece y frente a nosotros esta el sol con su cielo celeste de sombras azules. Nos salen a recibir los abedules, cipreses, las flores, las nubecillas frondosas, esas que tanto nos gustan.
Corremos desnudos, me preguntas y me detengo frente a la pregunta, mis respuesta es una sola… caigo sobre mi espalda, con mi cuerpo curioso, jadeante en aquel campo verde.
Mi boca se ofrece con todos los sabores, bebes mi café y el vino tinto exquisito, el duende ámbar se hace presente y mientras recorres cada rincón, la gula de mi cuerpo te pide con sus movimiento devorar aquel deseo que es aceptado por el tuyo.

Mis pechos son bombardeados de tus caricias, mientras mis piernas te acogen en un abrazo, húmedo, lascivo, incontenible, inevitable.
Muerdo tu cuello, beso tu cuello, abrazo tu espalda, te apresó, me oprimes, gemimos, urgimos… saboreamos el placer agridulce de sabernos juntos.

Entonces nos dejamos engullir por nuestras bestias lujuriosas de carne, el animal taurino bufa, jadea en cada espasmo.
Oleadas de placer nos llenan de una fiebre exquisita, este mar nos mece, en un movimiento acompasado; y ya no son oleadas es una gran ola la que nos arrastra.
Besas y bebes mis fluidos sabor a naranjas, lo absorbes, tocas, mimas, bebes, chupas hasta que ya no aguantamos más y subes hasta mi boca que emite solo un hilo de voz, para meter tu sexo en el laberinto donde te pierdes en lo profundo.
La bestia famélica de la anacoreta se llena hasta el hartazgo, derrites su boca en besos que ahogan cada gemido. Tu nombre no será gritado, lo prometiste, tu nombre es acallado por tu boca. Mi cuerpo inundado de tus fluidos y el placer, entrando y saliendo, llenándonos de sudor, con caricias marabuntas, son hormigas rojas llenas de delicia que suben y bajan, se esconden en cada orificio, penetrando y acelerando.

Al clamar y gritar ambos en la cresta de esta ola que nos lleva, liberamos a las bestias ya saciadas que se van corriendo por el campo.
El placer nos redime de este amor tan distanciado… nacemos nuevamente cuando nuestras miradas deseosas empachadas se entrecruzan, mientras nuestros sexos dementes reposan.
Plenos, boca arriba, las risas brotan a borbotones, nos tragamos, envolvemos, suspiramos… estamos completos, esta vez si estamos completos.

lunes, enero 07, 2008

Tus labios...



Entre los labios cuanta dulzura!
te busco en los atardeceres
bebiendo con apetencia ansiosa
aquel néctar que fluye de tu germen
en explosiones dentro de mi fuente.

Nos abrimos las bocas a besos
buscando ansiosos el oculto renuevo
y recorremos jadeantes aquel surco,
convertido en pozo inagotable
de sorprendido y dulce deleite.

Tus manos fuertes nos llevan al cielo
mientras mis senos mecidos por tu aliento
muestran los frutos tensos
de aquellas placidas colinas
al ser saboreados por tu lengua.

Mis piernas débiles, inciertas,
se estremecen y tiritan
estrujándote en sudores
y fluyendo en oleadas gozosas
la mezcla de nuestros olores.

Fundidos por el deseo
son besos, besos y más besos
los tuyos, los míos, los nuestros,
tengo apetito solo de aquellos
en la cama íntima de un nosotros
y aquel pequeño instante
en que finalmente somos uno.

Ese momento tan íntimo
anhelado en lenguas bulliciosas
de bocas que se llaman sin palabras
todo eso es el abrazo
sólo una parte pequeña
guardada por instantes en tus palabras,
de aquel mimo que se vuelve en antesala
de una búsqueda de encuentros por la tarde.

jueves, diciembre 06, 2007

Amor Express


Encendía un cigarrillo pensando en todo lo que me habían pasado últimamente.
Mientras aspiraba profundo, venían a mi mente los acontecimientos que me llevaban hasta ahí, a ese momento, el instante en que no echaría pie atrás.
El humo nublo mi corazoncito en tanto me decía, esta noche no habrá sorpresas, no para mí.
Miraba por entre la bocanada que exhalaba, a todas aquellas gentes que no me importaban, solo estaba asechando a la presa.

****
Esa tarde en el gimnasio, había sudado más que nunca, esperaba algún orgasmo aeróbico a falta de otros más tradicionales, como recompensa al esfuerzo de intentar botar una basura de la que antes disfrutaba.
Eliminaba de mi sistema pensamientos perversos de los últimos meses con el, estas ideas, escurrían calientes, y profusas junto a mi transpiración, extrañamente color azul.
Frente a mi, se paseaban, pavoneaban, tantos cuerpos hermosos, empapados, expectantes… Nada importaba en verdad, estoy fuera, y externamente, no deseo pasar frío.

Tomaba algo de agua, me secaba el sudor con mi toallita, mientras uno a uno se iban a sus casas.
Ya era bastante tarde, solo quedábamos mi presa y yo.
Cerca de la hora del cierre, me acerque a las maquinas donde ya había trabajado bastante. Entonces pedí ayuda para mover uno de esos aparatos algo pesados. Las hormonas se elevaban por el aire y en esa posición tan sugerente y tan cerca uno del otro, era inevitable percatarse de lo que provocaba en el. Pero no hablaba.
Entonces fui yo quien lo dijo- no deseo ir a casa -

El, todo afable, me comento que tenía una reunión con amigos, que verían un partido de fútbol mientras hacían un asado. Mm, asado, era lo único que me llamaba la atención, la carne.
Le quede mirando, mientras me arreglaba el peto que coquetamente dejaba ver un poco más. Entonces “se le ocurrió” y me invito a su reunión.

Llegue bastante tarde, distraída a causa de aquel que me estafaba la atención, ese que me lanzó fuera hacia rato.
De fondo sonaba Depeche Mode, lo había llevado, solo para saber cuando… en the love thieves, ese sería el momento.
Algo nerviosa, por desaprovechar la práctica en estas lides, aparte el resto de cigarrillo, apure un trago de ron y me aplique.
Estaba riendo con sus amigos, me miro de pies a cabeza, deteniéndose en mi escote.
Le pedí que me llevara a casa aduciendo el temor de irme sola. Accedió de inmediato.
De camino, pensé en alguna superficialidad para que hablase. Comente que era una lata que no hubiese bailado nada conmigo, que si se estaba poniendo tímido, entonces nos reímos. - Buena señal, buena señal.

Ya en la puerta tocaba la despedida, no esperaría más. Entonces, le tome y lo zambullí directo hacia mi cuello y escote.
Joven, joven impetuoso, fibroso, expectante. Nada costo seguir besándonos los cuerpos escandalosamente, en esa calle oscura, solo con la luna envidiosa de testigo.
Pasamos a mi refugio, donde urgidos, tal como en ese templo del culto al cuerpo, nos llenamos de sudor en la piel y en nuestros sexos.
Se aceleraba, poco diestro en estos asuntos, a la sazón le detuve y guíe adecuadamente.
La boca, no, mi boca no sería besada. Nos tocamos por completo, sus manos se detuvieron largamente en acariciar, pasando por Venus, siguió bajando diciendo, exquisito, exquisito.
Mordisqueando oreja y cuello, siguió hasta encontrar el clítoris ya húmedo a esas alturas, mientras un ah!, escapaba de las bocas.
No había un te quiero, solo había lo que había, un gran sexo devoto de los santos penes y diabólicas vaginas.
Lo hicimos muchas veces, en todas posiciones y en honor al sudor azul eliminado del sistema aquella tarde, mire por mi ventana hacia el exterior, mientras el muy macho, totalmente suelto y hábil, penetraba por atrás, entrando y saliendo, dejando ver su gran, duro y brillante miembro erecto.
Pasada la orgía, nos mareamos mutuamente en desenfreno, estimulándonos con delirios de inmundicias, envolviendo mi cuerpo frágil, prometiendo suavidad, sorprendente devoción y abandono…
Luego lo eche de mi cama, nos despedimos como nada.
Espero dormir muy bien las pocas horas que me quedan.
Ahora si, estoy fuera, desde mi ventana observando un amor express.

Solo Pedía Una Foto


El tenía ya treinta años.
Se encontraba solo, en el living de su casa sentado, con el teléfono en la mano y pensando en dilemas tales como el cuerpo desnudo y firme de una mujer, la pérdida de la inocencia, los gritos de su madre pidiendo la cena….
C.S. Lewis dijo una vez que la delicada rosa de la degeneración florece con mayor fuerza junto al altar… pero el no era hombre de altares, ni de dios, ni de religión.
El pensamiento lascivo no es pecado ni crimen, no se pueden cometer crímenes con el pensamiento.
Así por lo menos el lo creía.
Solo pedía una foto, una mísera fotografía con que satisfacer esa sórdida necesidad visual de ver a quien le entregaba sus quejidos nocturnos, su bufar taurino, sus cambios anatómicos, aquella que se metía en sus pensamientos, esos que le quitaban el tiempo para sus cosas…
Y sin mediar enojos ella le dice:-Lo cierto es que en realidad no estamos solos, no existe misterios para el corazón, no existen besos no desenmascarados dados sin amor, esos besos puñaladas que se clavan en el pecho.
-Aaaah?!
Ella era muy poética y el ya había olvidado lo que era el amor; es más, no le importaba, sólo podía pensar en ella y en sus facciones de niña, sus caprichos juguetones, sus gemidos y en el desbordante placer que le hacía sentir el tacto de su propio miembro. El se dijo-Esta noche ya no habrá entretención...
Entonces dejaron sus gemidos y palabras, el dejo de tocarse, mientras ella se sacaba las benditas fotos en posiciones que nunca hubiese imaginado dejar plasmadas.
Hizo todo su ritual, mas un video.
Enviados los recursos gráficos, y satisfecho de su necesidad, nuevamente la llamo, había sido obediente.
Pero ella nunca le contestó.
Se había cometido un crimen, otro mendrugo de inocencia se había ido con ella, lejos.

Encuentros

Niños azuzando el fuego, eso eran nuestras noches, incitando los nocturnos desvelos, deslizando nuestras telas y cobijas, encuentros veloces, afiebrados, fugaces.
Debemos vernos, percibirnos, llegar al instante determinante, solo sería mirarnos y saber, ser la súper nova. ¿Después la nada?... enana blanca

Los ingredientes, una mesa, ambiente calido, acompañados de líquidos y chácharas, podrían ser whisky o un jugo o mineral… sin gas por favor.
Fumando cigarrillos, el humo cegando la mente, podrían ser de los otros… pero no, estamos en público.

Mirarse a los ojos, que difícil, ahí están sus manos, aquí están mis pechos, mirarse a los ojos difícil…
Por el encuentro, ¡salud!, finalmente te veo; preguntas triviales y de buenas costumbres. ¿Fue muy difícil?, ¿te quedaras por acá?, ¿tienes donde quedarte?, ¿Cómo estas?, ¿es lo que esperabas?

Mejor será un whisky… y comienzan las explicaciones, el preámbulo ampuloso e insufrible, diciendo, sabes que no te quiero… sabes que esto es el comienzo, sabes que no hay expectativas y yo, solo pienso, sabes… mejor bésame.
No, así, no, eso no se pregunta, solo fluye… Mejor, no pensar.

Y aquí viene el efecto domino…
Digo, ¿Es lo que esperabas?, tengo algo de calor, le miro fijamente, nos hipnotizamos, salimos a la calle embriagados de las risas nocturnas… besos, muchos besos, abrazos y respiración.
¡Hey! no me lleves por lo oscuro, cuidado con el escalón, es fácil resbalarse con uno… o le pondremos el nombre del padre.

Abro mis ojos, la luz me ciega, susurros, susurros al oído… no, no son susurros, es la respiración de quien esta junto a mi, juntos, contiguos sin nada de deseo de por medio, solo la ternura de la cercanía.
Finalmente solo dormimos, éramos niños cansados de reír. Es un bello despertar, un buen comienzo.

Desde España, Hasta Buenos Aires

¿En que pensabas supremo salvaje?

Querías experimentar el contraste y te topaste con una guerra civil.
¡Acaso tienes visión de rayos!... conmigo no era necesario, amo los contrastes.
Hice mi trabajo, espero disfrutes del espectáculo, de aquella, tu pequeña pantomima del deseo.
Y ahora que tu cuadro ya esta completo, lo veo y se percibe sombrío, sin contrastes ni armonía.
Sus personajes todos lúgubres, tienen sus labios pintados con carmín.

¡En que pensabas supremo curioso!

Aplicaste el color muy diluido; pero las manos, las manos, ¡las olvidaste! Que no sean rechazo, no protección.
Y estoy aquí, mirando aquel cuadro, sin miedos, a altura vertiginosa.
Pasando por el abismo solo las lágrimas acompañan.
Y te digo, no caigas en depresiones, que ni el Ravotril, Prozac, Actan y toda la lista de las farmacias, se ahuyentan con nuevos colores.
Siempre me lo repetías: que no se te olvide que te quiero, pero lo olvidé.
La vida burguesa no es para nosotros los que gesticulamos demasiado con las manos.

¡En que pensabas siendo salvaje con quien te pudo amar!

Casa en el Arbol

Fue algo completamente inesperado. De esas cosas que dices, a mi nunca me sucederán.
Estaba en la playa tomando el sol, con mis pies acariciaba la arena, de fondo se escuchaban las voces de jóvenes y chicos jugando alegremente, la brisa calida recorría y despeinaba mi pelo, el sol iluminaba mi piel y rostro ya bronceado.
- Hey me tapas el sol!!!
- El sol no se puede tapar con un dedo- me respondió sonriendo aquel hombre que estaba parado frente a mi..
- ¿Acaso nos conocemos?, le pregunte.
- Por supuesto Camille, tu me servias el café.
Me senté y puse los anteojos de sol. Era Javier sin su sequito de libélulas pululando.

Desde ese día comenzamos a conversar y pasamos varias jornadas juntos.
En un comienzo la desconfianza hacia presa en mi, por lo que no hablaba mucho.
Llego la ocasión en que me contó acerca de su niñez y de su casa en el campo, donde tenía un árbol que era su pequeño refugio.
Su propia casa en el árbol, pero sin casa, el lugar donde salía huyendo de sus tías y nanas cuando hacia alguna travesura, el lugar donde nadie le encontraba y podía soñar, donde no le ubicaban los desesperados, donde huía de la adultez.
-Que bello sitio, ¿me invitaras?.
-No podría, ya no existe.
Su padre había cortado hace años la escalera a su cielo particular.
Su historia me enterneció al punto que me acerque a el y mirándole con otros ojos, acaricie su rostro, el se dejó.
Cerramos los ojos, se acerco a mí, quedamos frente a frente, respirándonos, oliéndonos y nos besamos. Nos besamos primero con ternura y luego recorriéndonos con la curiosidad de unos niños.
Pasamos la noche juntos, vimos el amanecer abrazados, riéndonos, redimidos.
En la mañana cuando desperté y al verlo a mi lado, me dio pavor por lo que entonces huí.
Ese día llegue a casa, no me bañe y estuve todo el día con la misma ropa, no quería quitarme su olor.

Celos, Dialogos de MSN

[21:44] <> Cómo estas vestida?
Miro mis ropas con sensación de no llevar nada, en ese momento me encuentro desnuda frente a la pregunta.
Llevo desarropada mucho tiempo en que mis pies descalzos no sienten el frío suelo.
Camino con un rumbo que ya no existe, en un mundo de gentes sin rostro; solo hay algunos que se apiadan de la pobreza del otro y prestan su abrigo.

[16:05] <> Dame tu e-mail y nos escribimos. Me gustaría conocerte más.
En ese momento siento el alivio de no encontrarme sola frente a la maquina y aunque desnuda, el frío no está.

[19:14] <> El fin de semana me quede con una amiga.
Olvido mi comodidad, me llegó el invierno, un infierno de hielo que me sumerge nuevamente en el desamparo.
Trato de huir, pero no puedo.
Un monstruoso ser me intenta de devorar, atrapa entre sus garras y mordisquea sin piedad.
Por ello doy gracias, por estar en el infierno helado, es más doloroso cuando te mantienen frente a una chimenea y luego te lanzan al abandono.
Tengo anestesiada el alma y hay menos el dolor al momento en que el monstruo clava sus dientes y desgarra mi piel.
Al ver la sangre escurrir lentamente por el manto blanco que mantiene a mis pies insensibles, pienso en darme por vencida y solo en morir devorada; pero testaruda huyo sangrando.
Luego lameré mis heridas nuevamente...
Al fin me creo a salvo.

[00:01] Hoy conocí una gringa fantástica.
Sigo caminando y al final del sendero me encuentro con aquel que me arropa de vez en cuando y me desnuda todo el tiempo.
Ahí está, sentado, inmutable, no me mira, solo existe su computador, sigue absorto en sus tareas.
El monstruo no me sigue y me permito un momento de relajo. Le miro enamorada, acaricio la pelusita en su cabeza, le abrazo fuertemente intentando sentir su calor; aun tengo frío.
Finalmente me mira, se abraza inconscientemente a mi cintura, sumerge su rostro en mi pecho desnudo y mientras le cobijo levanta su cabeza.
Observo sus ojos, veo el reflejo del engendro devorador dentro de ellos.
Me alejo de un salto cayendo al suelo y retorciéndome de dolor, por mi boca salen sus garras, me esta devorando desde dentro.
Este tormento ya no lo soporto, el veneno me recorre toda.

[00:44]<> Juntemonos hoy.
No aguanto más el sufrimiento y en mi mente surge la idea.
Sin pensarlo dos veces, me abalanzo sobre quien me abraza y cansa dulcemente, aquel que creo mi amor... entonces, arranco su cabeza.

[00:46] <> No, no saldré hoy contigo.
... El frío ya pasó, estoy vestida nuevamente, mi armadura ha resistido el ataque, el monstruo yace muerto a mis pies sin su cabeza.
... Definitivamente no hay nada peor que los celos... siempre vuelven.

Puros Cuentos Cap 4

Día 3
Fryda


Estaba en mi cama intentando mirar el cielo, pero solo me encontré el torreón de romance en sepia.

Añoraba verle ahí parado, le llame con el pensamiento y apareció.
Mi ojo verde se aguzo y dejó a la vista, hizo algunas señas y por supuesto siguiendo el modo, procedí a bajar el puente, el descendía también el suyo.
Nos acercamos y nos juntamos en el medio.

Yo le invite a mi cama que esta mañana estaba muy tibia y aun con ese dulce aroma de nuestra última vez juntos.
Nos metimos entre las sabanas y le di la espalda solo para que el se pegara muy junto a mí. Mientras me susurraba y respiraba en el oído, me recorrió con sus hábiles manos.
Yo me di vuelta y le acaricie su cabello rizado, que últimamente había dejado crecer mucho, de el salieron muchos pensamientos perversos que fui atrapando y tragándomelos uno a uno.
Nos besamos dulcemente, nos extrañábamos, comenzamos a hacer el amor.
A veces me gusta gritarle “Te amo”, esta vez no.

Mientras éramos uno, sonó su teléfono, en la pantalla decía: “cajita feliz”…
No quería contestar, pero le alenté a hacerlo y mientras el intentaba sonar normal, yo le provocaba un poco más mordiéndole la oreja y susurrándole en voz muy baja: sshhhhhhhh, sshhhhhhhhh!, yo no existo!.

Mi ojo verde estaba abierto por completo mientras mi azul se cerraba, entonces el se puso sobre mi y mientras que con una mano sostenía el teléfono, con la otra acariciaba mis pechos y yo le retenía con mis piernas.
Entonces, con uno de sus dedos, comenzó a escribir con su uña en mi piel, de la sangre emergió un poema que le recitaba a ella a través del teléfono.
Comenzó a reír mientras yo le susurraba las cosas lindas que le debió decir.
El tapaba el micrófono y también se reía, mientras planificaba como debía mirar por la ventana, hacia aquel tórrido romance.

Cuando colgó, terminamos de hacer el amor y reímos como unos niños que han hecho maldades.
Me dijo: “sabes que debo ir con ella primero”, le dije, “si, lo se”.
Luego repitió “debo ir”, “deberé hablarle de ti y reírnos ambos un poco”.
Yo le dije: “recuerda que yo no existo”.

Le sonreí, me sonrío, nos besamos y el se fue.
Yo levante mi puente y me volví a acostar.
Me dolía todo el cuerpo, mi columna quedo fracturada por las letras de aquel poema en mi piel…
Debí de haberlo previsto, hoy soy más incongruente que nunca y amanecí con las cejas mas tupidas.

miércoles, octubre 24, 2007

Bienvenida



Abrázame,

única oscuridad sin nombre.

Invítame
a ser hembra y animal sagrado.

Descártame,
tu espiritualidad reprimida

Déjame,
la perfección ancestral

Revélame
aquel idealismo desteñido

Húyeme
por siempre

Extíngueme
naciente y emerge después

Apártame
de tu risa lisonjera y llanto brutal

Evolucióname
las palabras en orgasmo y viceversa

Coexistamos
como dioses inmaculados.

Devoradores
semejantes en el gozo.


Dafne.