El niño quedo mirando como su barquito de papel se iba por la alcantarilla. Lo había fabricado su padre y estaba muy orgulloso de el, pues era muy veloz en el agua.
Todo ese verano había ganado las competencias de barquitos que los niños echaban a correr por la orilla de la calle, cuando las aguas de lavados de vehículos circulaban en medio del calor estival. Los otros barquitos se desarmaban una vez terminada la carrera, pero el que le había armado su papa no, pues estaba bastante bien provisto con papel encerado.
En esta ocasión, el niño lo echo a navegar sin sus amigos y sin calcular su velocidad. El torrente lo llevó raudamente hasta llegar a una rendija por donde se escabullo y finalmente se perdió.
Se quedo sentado, llorando en la vereda un rato, mirando fijamente la grieta, mientras los vehículos pasaban frente a el. Uno se acerco mucho, mojándolo con el agua lodosa que escurría por la orilla de la calle.
Entonces, el niño dirigió sus pasos al fondo de la calle, arrastrando sus pececitos fríos, hasta llegar a casa. Estaba todo sucio y empapado cuando llamó lastimosamente a la puerta.
El olor de unas galletas y leche le salieron al encuentro, en tanto su madre le abría rápidamente la puerta. Llovía a cantaros desde hacía rato.
El regreso del niño hizo aliviar un poco, el apretado pecho de esa madre, quien ya tenía bastante con la pérdida de su marido el día anterior.
Este es un espacio dedicado a las Artes, con todo lo que ello implica. "De estas soledades hay que hacer una experiencia. Oídos nuevos para una música nueva. Nuevos ojos para las cosas más lejanas. Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas…" (Friedrich Nietzsche)
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martes, marzo 17, 2009
lunes, mayo 26, 2008
Agua

Por la ventana una nube se asomó, oscureciendo un bello día de sol.
Primero aparento ser pequeñita, rosa y regordeta. Al mirarle a través de esa ventana, era como mirar un cuadro, el caminante sobre el mar de nubes. Junto a ella se fueron amontonando más nubes esponjosas, una gris celeste, luego una lila, otra amarilla y al final las más grandes del grupo, azules, grisáceas y negras.
Las nubes, habían apagado la luz tibia y amarilla, ahora, era solo el paisaje de una gris ventana, el día había sido oscurecido.
Sentada sobre un sillón, una mujer, ensombrecida, no dejaba de mirar el monitor, al tiempo que con movimientos algo neuróticos, iba revisando los pliegues de su falda y acomodándolos de manera nerviosa.
Iba contando cuantos pliegues tenía su pollera y evitaba volver a leer un correo virulento, que ya había repasado unas cien veces.
Se levanto entonces de su asiento, apago la estufa, se puso su impermeable negro, enrollo su bufanda con desgano y salió a respirar.
Asomó un pie fuera de su casa y comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia. El paraguas, en cambio se quedo descansando en el cálido hogar.
Fue siguiendo sus pasos sin ningún rumbo, en verdad, no iba a ninguna parte, solo caminaba.
Pisaba con cuidado de no poner el pie sobre alguna línea, caminando veloz, poniendo una bota frente a la otra en forma acompasada y segura. Sus tacones resonaban por toda la cuadra, mientras que con la mirada baja las gotas de lluvia, de esas nubes antes tan amigables, empezaron a golpearle el rostro.
Entonces se detuvo y miro al cielo, para sentir sus lágrimas, esas que a ella no le salían.
Los cabellos de Lily, color negro azabache, escurrían en agua de lluvia, como la ladera de los cerros de Nancagua en invierno, corriendo en pequeñas cascadas, alimentando las quebradas.
Lily, se quedo así, quieta, un buen rato, pensando en esos paisajes, mojando su rostro y cabellos, abriendo sus brazos para sentir la lluvia.
Lo único que la saco de sus pensamientos fue su celular, el que sonaba insistentemente con una musiquita odiosa que había elegido su hermana. Entonces, lo sacó de su bolsillo y simplemente lo apago. Continuo su camino, sin siquiera mirar quien le llamaba.
Tenía ese aparato en su bolsillo, pero en las siguientes llamadas, ni siquiera lo atendió para apagarlo.
Y se repetía a si misma en voz baja.
-Que se cree ella, a mi nadie me hace sombra. Hay que ser muy egocéntrica para creer que es tan importante.
Siguió avanzando, persiguiendo sus propios pasos ensimismada, hasta que un automóvil freno casi encima de ella, haciendo sonar su bocina.
Lo que el conductor le dijo al pasar por su lado, le saco de sus pensamientos dulces, de ser parte del paisaje
-Cuidado mijita, que la voy a atropellar si no se fija que cruza con rojo-
Cruzaba en rojo, y aunque hubiese visto el semáforo, ya no deseaba detenerse en esas luces. Los semáforos en rojo le recordaban cosas, demasiadas cosas.
Mantuvo su paso firme sin rumbo, como niñita a la que le dan pataletas, haciendo pucheros mientras se repetía despacio.
-No son celos, lo se, pero hacerme tonta a mi!
En su hogar aun estaba como fiel testigo, el paraguas abandonado, junto a la pantalla del computador del cual emergía en letras verdes y negras, una conversación completa de su novio, con una que se decía su amiga. Una conversación bastante romántica para un par de amigos.
Y volvía a su mantra
-Porque se da tanta importancia, aun cree que el esta embobado con ella. Y el, se comporta como si yo no existiese, y todo el tiempo ella haciéndose la amable, cuando en realidad tenía una imagen apestosa de mi.
Apresuro el paso, metió sin querer los pies en un charco de agua con sus botas altas y se mojo un poco bajo la pollera.
En el camino, se encontró con un amigo que la detuvo un rato. El trataba de charlar, pero ella no le escuchaba, era como sonidos de queltehues a lo lejos.
El, la invito a tomar once al único café que existía en el pueblo. Ella como ida, le siguió sin chistar.
Se sentaron uno frente al otro, mientras el, alegremente, le contaba de todas las cosas que le habían pasado en la semana.
Cuando llego el momento de ordenar, ella se paro y excusándose por no poder quedarse, que muchas gracias, simplemente se fue.
Mientras caminaba, mascullaba todo lo que le iba a decir:
- Yegua, mala amiga, eres una…
Entonces, nuevamente sonó su celular, esta vez lo miro para ver quien era y lo lanzo lejos, cayendo cerca de un sumidero de agua.
Al percatarse de su reacción, se llevo las manos a la cabeza con total desaprobación. Esa no era ella, no lo aceptaba.
Fue entonces, que paso por su cabeza, la nubecilla regordeta y rosa, que vio por su ventana...
Y en voz alta se dijo
-Nadie me hará quedar en sombras, me sacaré esto de encima, soy superior a todo aquello.
Tomó el camino calle arriba, por la avenida principal, llego hasta el mismísimo puente Zamorano, que cruza las aguas del río Blanco y bajo por una de sus orillas.
Normalmente ella iba por ahí a despejar sus pensamientos en largas caminatas, cuando estaba muy confundida, está vez sus paso le guiaron hasta allá inconcientemente.
Al terminar de bajar y siguiendo por la orilla, se percato que no había pájaros, ni caballos alrededor, solo unos queltehues a lo lejos, que seguían anunciando que venía más agua.
Lily estaba feliz de aquello, quería agua, más agua aun.
Sin pensarlo, se metió en pleno cauce, llegándole hasta las rodillas. La corriente era muy fuerte y el caudal del río iba en aumento.
Y esta vez se repetía suavemente
-Purificación, soy superior a esto, quiero esta mugre fuera de mi sistema.
Se arrodillo, para que el líquido frío y agresivo le cubriera la cintura.
Se sujetaba a las piedras del fondo mientras el torrente intentaba arrastrarla. Se quedo quieta y firme como un roble, mientras las aguas subían…
Sentía frío y por un momento creyó desfallecer. El dolor le llego hasta la medula y se abrazo al torrente, quien le acogió como un buen amigo.
Cuando volvía a casa, completamente mojada, apareció nuevamente su amigo dejado en la cafetería, con cara de preocupación, pues le había visto salir del lugar como una loca.
La había buscado por todos lados, llamado al celular que no le contestaba y al no tener respuesta, le hizo guardia fuera de su casa.
Al verla toda mojada, no le dijo nada, solo se saco la chaqueta para cubrirla y le abrazo.
Entonces, Lily lanzó una carcajada y le dijo tiritando
-No te preocupes, he tenido un día magnifico. Ahora si podemos tomarnos el café, me hacía falta un baño, ya estoy completamente limpia.
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lunes, abril 21, 2008
¿Cuanto tiempo esperarías al amor de tu vida?...

Tapada con sus cobijas hasta el cuello, escuchaba del otro lado del teléfono, como el hombre que amaba le decía: quiero compartir mi vida contigo.
Ella no sabía si era en broma o era en serio, era algo que siempre había querido escuchar. Y mientras el le expresaba, que no era ninguna broma, ella evocaba los momentos difíciles de esta relación tan apartada y el minuto en que en cierta medida se decidió.
Estaba ebria, ebria como un fulano cualquiera en un bar, de esos tipos a los que hay que llevar a rastras hasta la calle. Pero, no estaba en la calle, ni en un bar, ni en su casa, ni siquiera estaba en una ciudad.
En ese momento el cielo estrellado, unos cuantos árboles y la luz de la luna eran su cielo, sentada en una banca, fuera de una cabaña apartada de la civilización, solos, frente a una mesa, ella, su embriaguez, provocada por una botella completa de ron, que se había ido tomando de a sorbitos pequeños, su pena y el.
Estaba completamente delirante, de alcohol, amor y rechazo. La noche anterior había escuchado, como el le decía, que estaba en su derecho de enamorarse de cualquiera, que quería una relación, pero libre por completo, que cada uno tenía derecho de buscar y encontrar a otro. La “amistad erótica” descrita por Kundera en “la insoportable levedad del ser”, se hacía presente en su realidad.
A ella le había parecido increíble, horrible, que aquel hombre, ese con quien se aventuró a ir al fin del mundo, separados de todo, le estuviera proponiendo eso.
Se repetía a si misma: -es que en realidad el no me ama, el solo me quiere como se quiere a un perrito o un gato –
y en tanto se autocompadecía de su propio estado etílico coreaba: -tú no me quieres, yo no soy para ti, tú necesitas a una como tú, tú me vas a dejar sola, yo no soy suficiente-
Lo repetía incansablemente e iba llenando nuevamente su vaso de ron.
El estaba sentado frente a ella, tratando de engañarla, pidiéndole de beber también, mientras iba botando los vasos que ella llenaba, pero que luego, decidió no compartir más, porque en esa mesa bastaba solo un ebrio.
El trataba de que no siguiera con esa actitud tan autodestructiva, mientras miraba a la que consideraba una mujer admirable, tan rebajada, tan inocente, tan frágil, tan niña.
Ella ya no podía tomar ni una gota más de alcohol, tiritaba de frío, pero no entraría con el a la cabaña a dormir, pues, ya sabía que sucedería. Se lanzaría a los brazos de ese hombre, le haría el amor como una loca y luego el, desaparecería al día siguiente por completo de su vida.
Me quedaré aquí fuera, tú entra, te va a dar frío.
No- respondió el- yo me quedaré aquí contigo.
-Pero porque, si tu no me quieres, le decía con voz bajita y muy suave.
Sería su voz de niña, su fragilidad lo que le provocaba tal ternura, que el, a quien todo le importaba un pepino, no la dejaría en ese estado, sola.
Déjate de leseras entra, le decía, mientras la tomaba por la cintura para hacerla entrar.
Ella se apegaba a el, no tan solo porque no podía moverse sola, sino porque necesitaba meter su cabeza en su pecho y sentir por última vez el aroma del hombre al que amaba.
Mientras ella repetía, me siento mal, el se detenía con suavidad, se quedaban uno frente al otro, respirando profundo, casi abrazados, mientras se olían mutuamente.
Hubo un momento, en que ya no pudo más, tenía que sacar de si misma tanto ron…
Agachada vomitaba alcohol, el alma y lágrimas que no le dejaban de rodar por sus mejillas, mientras decía a su vez, con su voz de niña abandonada: Tú no me quieres y me vas a dejar sola, yo no soy suficiente, déjame sola!!, me da vergüenza!!.
Pero el, le recordaba que ella, alguna vez, también le ayudo de este modo, en un pésimo estado etílico, le acompaño y cuido con amor.
No es que se sintiera en deuda y no sabemos que sucedió, en ese momento, en el, a quien no le importaba nada. También le dejo de importar la discusión de la noche anterior, que ella estuviera ebria, y que recién hubiese vomitado.
La tomo fuerte entre sus brazos mientras le acariciaba y decía: yo nunca te voy a dejar mi niña.
Sus palabras le produjeron aun mas llanto y mientras el la besaba, lo olvido todo. En sus oídos solo resonaba, yo nunca te voy a dejar, como hoy resonaba, quiero compartir mi vida contigo.
Esa noche ambos se amaron, se hicieron el amor, amor de verdad.
Ella no sabía si era en broma o era en serio, era algo que siempre había querido escuchar. Y mientras el le expresaba, que no era ninguna broma, ella evocaba los momentos difíciles de esta relación tan apartada y el minuto en que en cierta medida se decidió.
Estaba ebria, ebria como un fulano cualquiera en un bar, de esos tipos a los que hay que llevar a rastras hasta la calle. Pero, no estaba en la calle, ni en un bar, ni en su casa, ni siquiera estaba en una ciudad.
En ese momento el cielo estrellado, unos cuantos árboles y la luz de la luna eran su cielo, sentada en una banca, fuera de una cabaña apartada de la civilización, solos, frente a una mesa, ella, su embriaguez, provocada por una botella completa de ron, que se había ido tomando de a sorbitos pequeños, su pena y el.
Estaba completamente delirante, de alcohol, amor y rechazo. La noche anterior había escuchado, como el le decía, que estaba en su derecho de enamorarse de cualquiera, que quería una relación, pero libre por completo, que cada uno tenía derecho de buscar y encontrar a otro. La “amistad erótica” descrita por Kundera en “la insoportable levedad del ser”, se hacía presente en su realidad.
A ella le había parecido increíble, horrible, que aquel hombre, ese con quien se aventuró a ir al fin del mundo, separados de todo, le estuviera proponiendo eso.
Se repetía a si misma: -es que en realidad el no me ama, el solo me quiere como se quiere a un perrito o un gato –
y en tanto se autocompadecía de su propio estado etílico coreaba: -tú no me quieres, yo no soy para ti, tú necesitas a una como tú, tú me vas a dejar sola, yo no soy suficiente-
Lo repetía incansablemente e iba llenando nuevamente su vaso de ron.
El estaba sentado frente a ella, tratando de engañarla, pidiéndole de beber también, mientras iba botando los vasos que ella llenaba, pero que luego, decidió no compartir más, porque en esa mesa bastaba solo un ebrio.
El trataba de que no siguiera con esa actitud tan autodestructiva, mientras miraba a la que consideraba una mujer admirable, tan rebajada, tan inocente, tan frágil, tan niña.
Ella ya no podía tomar ni una gota más de alcohol, tiritaba de frío, pero no entraría con el a la cabaña a dormir, pues, ya sabía que sucedería. Se lanzaría a los brazos de ese hombre, le haría el amor como una loca y luego el, desaparecería al día siguiente por completo de su vida.
Me quedaré aquí fuera, tú entra, te va a dar frío.
No- respondió el- yo me quedaré aquí contigo.
-Pero porque, si tu no me quieres, le decía con voz bajita y muy suave.
Sería su voz de niña, su fragilidad lo que le provocaba tal ternura, que el, a quien todo le importaba un pepino, no la dejaría en ese estado, sola.
Déjate de leseras entra, le decía, mientras la tomaba por la cintura para hacerla entrar.
Ella se apegaba a el, no tan solo porque no podía moverse sola, sino porque necesitaba meter su cabeza en su pecho y sentir por última vez el aroma del hombre al que amaba.
Mientras ella repetía, me siento mal, el se detenía con suavidad, se quedaban uno frente al otro, respirando profundo, casi abrazados, mientras se olían mutuamente.
Hubo un momento, en que ya no pudo más, tenía que sacar de si misma tanto ron…
Agachada vomitaba alcohol, el alma y lágrimas que no le dejaban de rodar por sus mejillas, mientras decía a su vez, con su voz de niña abandonada: Tú no me quieres y me vas a dejar sola, yo no soy suficiente, déjame sola!!, me da vergüenza!!.
Pero el, le recordaba que ella, alguna vez, también le ayudo de este modo, en un pésimo estado etílico, le acompaño y cuido con amor.
No es que se sintiera en deuda y no sabemos que sucedió, en ese momento, en el, a quien no le importaba nada. También le dejo de importar la discusión de la noche anterior, que ella estuviera ebria, y que recién hubiese vomitado.
La tomo fuerte entre sus brazos mientras le acariciaba y decía: yo nunca te voy a dejar mi niña.
Sus palabras le produjeron aun mas llanto y mientras el la besaba, lo olvido todo. En sus oídos solo resonaba, yo nunca te voy a dejar, como hoy resonaba, quiero compartir mi vida contigo.
Esa noche ambos se amaron, se hicieron el amor, amor de verdad.
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jueves, abril 03, 2008
Agonía
Sentada en una silla, Vivian esperaba mientras sostenía la mano del hombre que amaba.Yo te amo por los dos, le decía. Y no sabía cuando había sucedido, no sabía cuando se le habían pasado ideas tan descabelladas por su cabeza, solo sabía, que el estaba ahí, que lo amaba y no le dejaría ir sin hacerlo feliz por última vez.
El, tranquilamente y con una respiración cada vez más pausada le pedía:
- “Siéntate aquí a mi lado, no quiero estar solo, necesito de tu calor y has estado conmigo por tantos años, que ya no se si tu me harás mas falta al otro lado o si yo a ti aquí”.
Ella trataba de no llorar y con su llanto contenido, se sentó en la cama, a su lado. Sus ojos le brillaban, también de amor, de aquel amor que nunca había dejado de tenerle en muchos años, a pesar de todo, a pesar de todas sus infidelidades, infidelidades que recordaba con lujo de detalle. Pero había una, una en especial, la más significativa, la que ella nunca, nunca olvidaría: La de su primer amor.
Hacía 40 años, el era un joven muy alto y fornido, un buen espécimen de la fuerza aérea, y ella, María, era una mujer simple, sin mucho en la vida, sin una gran inteligencia, pero que llenaba por completo el corazón de Daniel.
Estaban enamorados y se querían casar. Esperaban el beneplácito de la fuerza aérea para aquello.
La época en que finalmente sabrían que podían estar juntos, el estaba muy agitado, Maria le decía: “Daniel, no te preocupes que todo saldrá bien”.
Pero no fue así, la fuerza aérea coloco una lápida a su amor y prohibió terminantemente mantener una relación con aquella mujer. No era lo suficientemente adecuada para alguien como el.
¿Como es que alguien se puede dar el derecho o puede saber que ella no podía ser una buena madre para sus hijos, una buena amante en su cama, la mujer que le acompañaría?
Ese día María no lloró, a cambio, Daniel se hizo un mar de lágrimas, el hombre fuerte estaba por el suelo. Pero el lo superó, años después se encontró con Vivian, una mujer que si fue aceptada, una mujer que si le daría hijos y con quien formaría un hogar.
Ella era abnegada, completamente dedicada y más aun, una mujer que amaba por los dos.
Siempre se lo decía:
“Daniel, no te preocupes, a falta de tu amor nos sobra el mío, si tu no me amas, yo te amo por los dos”.
Pero eso para Daniel nunca fue suficiente.
Tuvieron hermosos 3 hijos, 2 niñas y un niño. Les vieron crecer, los apoyaron e hicieron una idílica “familia feliz”.
El fue infinitamente infiel, ella infinitamente comprensiva, nunca se quiso enterar de nada, creía en eso de “ojos que no ven corazón que no siente”.
Hoy, sentada en la cama, en el lecho de muerte de su Daniel, aquel a quien había amado durante toda su vida, cada vez que el le pedía estar a su lado, era uno de los pocos momentos en que se sintió realmente necesitada, en que se sintió querida.
Mientras miraba, el cuerpo arrugado y sus manos antes fuertes que ahora no podían siquiera sujetarla, trataba de pensar en todo aquello que le dio fuerzas en el momento que el doctor dio el pronóstico: Cáncer.
Y pensó muchas veces en que con amor lo vencería. Pero el, en realidad no era tan luchador, su cuerpo se iba carcomiendo con la enfermedad y el hombre antes alto fornido y buen mozo que conoció, ya no existía.
Tampoco estaba su rencor, ese que alguna vez le tuvo a Daniel y que le hizo envejecer de golpe. Hoy, había resurgido el amor que los mantuvo juntos los últimos 40 años.
Ella a sus 60, no se veía nada de mal, sus ojos verdes aun mantenían la belleza que alguna vez hiciera que los hombres se dieran vuelta a mirarle por segunda vez, pero era una belleza fria, estaba ahí, petrificada, como una estatua de mármol que ya no podía hacer nada.
Mientras tomaba la mano del hombre que amaba pensaba, pensaba en su mano cada vez más fría y que cada vez, por más que ella lo retuviera, se alejaba de este mundo, a volar lejos. Pensaba también cuando a sus 50, el la dejó, sin saber porque, pensaba en los momentos en que, desconsolada, buscaba respuestas.
El se había ido, hecho sus maletas y marchado tras María, la mujer que habría sido su primer amor, la única mujer con la cual se hubiese casado, la única mujer por la cual no fue capaz de dejar la maldita fuerza aérea… el amor no era el mas fuerte, su orgullo e historia familiar habían ganado y lo había tenido que pagar con 30 años de una vida sin amor verdadero.
Pero la vida da segundas oportunidades, un día caminando por la bahía, se la encontró. Sus ojos negros eran los mismos que el añoraba y recordaba cada noche de su vida, al pasar junto a ella, el aroma que emanaba de sus cabellos negros era el mismo, era ella no se podía equivocar. El romance resurgió de inmediato, no importo familia, hijos ni nada.
Así estuvieron juntos unos 5 años, hasta que ella consiguió un trabajo en Estados Unidos como profesora adjunta de una universidad.
La oportunidad no la podía perder, tal como el nunca se fue de la fuerza aérea, ella no dejaría su vida profesional por un amor revivido de viejos.
Vivian pensaba en que eso había gatillado su enfermedad, cáncer, cáncer de desamor.
Se alejo de sus pensamientos y no lo pensó más.
Soltó la mano de aquel hombre que era retenido en este mundo solo por un hilo de vida.
Hizo unas llamadas y luego le indicó a sus hijas:
-“Mañana deben ir al aeropuerto, esta todo preparado”.
Ellas no entendían nada; “¿a quien vamos a buscar?”
Vivian no quería dar explicaciones, menos en este momento, solo dijo:
-“Deben de ir a buscar a Maria, la amante de tu padre”.
Sus hijas llenaron sus ojos de furia, parloteaban, gritaban y pataleaban por que no irían a buscar a esa mujer, esa mujer que tanto daño les había hecho a ellas y su familia.
Pero al ver la cara marcial de su madre, no les quedo más que simplemente obedecer.
María llego 15 horas después, entro por la puerta de aquel lugar que siempre había sido, el hogar de su amante.
Entró pausadamente como oveja que entra al matadero, todos le miraban con desprecio, menos Vivian. Ella la recibió y sin decir nada, solo tomo su mano y la llevo al lecho de muerte de su amado.
Una vez dentro, solo dijo:
-“Daniel, quiero hacerte feliz, mira a quien traje para que se despidiera”.
Los ojos de Daniel nuevamente se llenaron de la poca vida que le quedaba y soltó unas lágrimas.
Luego Vivian, los dejo solos.
Estuvo esperando fuera, se imaginaba todo lo que se dirían, la despedida del amor de su amor, mientras a su alrededor, toda su familia, incluidas sus hijas le reprochaban su actitud de “idiota”.
Después de media hora, salio María con lágrimas retenidas en los ojos y solo le dijo, pase, muchas gracias.
Vivian entro, encontró a Daniel en la misma posición, pero parecía mucho mejor que cuando le había dejado hacia media hora atrás.
No le pregunto nada, solo lo miro, volvió a tomar su mano y se sentó en la sillita que estaba al lado de su cama.
El sin esperar nada solo le dijo:
-“Mujer ¿que haces allá tan lejos?, ven aquí, a mi cama, sigue compartiéndola conmigo. Durante muchos años tú me amaste por los dos y yo no lo supe entender, ahora comprendo. No quiero irme, si no eres tu la que este a mi lado…”
Y eso fue lo último que dijo.
Al salir de la habitación, Vivian, no tenía una lágrima en el rostro, pero el dolor, toda ella lo mostraba, ella era dolor, y hasta sus cabellos blancos y brillantes dejaron de serlo, se opacaron, así como sus ojos verdes.
En ese instante la única que podía acompañarla era Maria, solo ella, entendía todo aquello.
En ese momento las dos mujeres se abrazaron y finalmente, pudieron llorar tranquilas.
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miércoles, abril 02, 2008
Distancias... Reestreno Por Largas Esperas

Esta noche, podría esperar desnuda tu cuerpo o podría quedarme en mi puesto de venta de No Ilusiones, vestida hasta el cuello en aquel rincón oscuro.
Sin embargo te espero, sabiendo que no llegaras y la voracidad de mujer contenida, sube por el espinazo hasta llegar a la nuca, para luego bajar sinuosa, hasta mis piernas que tiemblan.
Quizás finalmente llegues esta noche y que los movimientos y fluctuaciones de tu carne sobre mi, sean un mejor consuelo que mis propios dedos húmedos recorriendo mi clítoris.
Me siento en aquel rincón, vestida de vieja anacoreta… la venta de no ilusiones va bastante mal…
La vida es hermosa, pero duele a veces, es un dolor desde las entrañas, es un dolor de las no ilusiones, un dolor de prohibición, dolor de aquella ilusión del placer deseado, por el primer y los subsiguientes dolores de la prohibición de las distancias. Duele morirse de ganas y saber que la noche no te deja tocar la luna.
Me he quedado en aquel rincón de penitente, sin morir, sin morir de aquella magia asesina tan exquisita que son los cuerpos unidos y entrelazados cual orgía de serpientes.
La anacoreta muere, desea ser usada, asesinada, resucitada, sacudiéndose, deslizándose, transpirando, oliendo, queriendo, queriendo…
La muerte del día a día me tiene con la piel verde, me tiene envenenada, pues soy mujer de fuego, la lava destruye los órganos, las entrañas me queman.
Entonces, solitaria me proyecto en mi propio haz de luz, abriendo los brazos, abriendo las piernas, recordando aquel placer de la luna que se niega a ser besada, bebida hasta la última gota.
La muerte del día a día me tiene con la piel verde, me tiene envenenada, pues soy mujer de fuego, la lava destruye los órganos, las entrañas me queman.
Entonces, solitaria me proyecto en mi propio haz de luz, abriendo los brazos, abriendo las piernas, recordando aquel placer de la luna que se niega a ser besada, bebida hasta la última gota.
La noche avanza como penitente voluntaria y es en este instante que tu finalmente llegas, con tus sombras azules, diciendo la palabra mágica, después de tantas soledades marchitas.Te abalanzas con instinto de animal hambriento, muerdes, rozas, besas, bebes todos los fluidos. Sin embargo, extraño tu risa y mientras te miro con aquella contemplación de mujer deseosa, me río, me río con la risa que le damos a nuestra falsa mitad… y no te vendo ilusiones. No se las vendo a quienes no creen en el amor y se conforman solo con vegetar en el placer…
Te pregunto, ¿no te habías dado cuenta?, me miras y finalmente me tomas en serio, me miras dulcemente y me abrazas, salimos desnudos a recorrer aquel campo de trigo recién espigado.
El rincón oscuro desaparece y frente a nosotros esta el sol con su cielo celeste de sombras azules. Nos salen a recibir los abedules, cipreses, las flores, las nubecillas frondosas, esas que tanto nos gustan.
Corremos desnudos, me preguntas y me detengo frente a la pregunta, mis respuesta es una sola… caigo sobre mi espalda, con mi cuerpo curioso, jadeante en aquel campo verde.
Mi boca se ofrece con todos los sabores, bebes mi café y el vino tinto exquisito, el duende ámbar se hace presente y mientras recorres cada rincón, la gula de mi cuerpo te pide con sus movimiento devorar aquel deseo que es aceptado por el tuyo.
Mis pechos son bombardeados de tus caricias, mientras mis piernas te acogen en un abrazo, húmedo, lascivo, incontenible, inevitable.
Muerdo tu cuello, beso tu cuello, abrazo tu espalda, te apresó, me oprimes, gemimos, urgimos… saboreamos el placer agridulce de sabernos juntos.
Mis pechos son bombardeados de tus caricias, mientras mis piernas te acogen en un abrazo, húmedo, lascivo, incontenible, inevitable.
Muerdo tu cuello, beso tu cuello, abrazo tu espalda, te apresó, me oprimes, gemimos, urgimos… saboreamos el placer agridulce de sabernos juntos.
Entonces nos dejamos engullir por nuestras bestias lujuriosas de carne, el animal taurino bufa, jadea en cada espasmo.
Oleadas de placer nos llenan de una fiebre exquisita, este mar nos mece, en un movimiento acompasado; y ya no son oleadas es una gran ola la que nos arrastra.
Besas y bebes mis fluidos sabor a naranjas, lo absorbes, tocas, mimas, bebes, chupas hasta que ya no aguantamos más y subes hasta mi boca que emite solo un hilo de voz, para meter tu sexo en el laberinto donde te pierdes en lo profundo.
La bestia famélica de la anacoreta se llena hasta el hartazgo, derrites su boca en besos que ahogan cada gemido. Tu nombre no será gritado, lo prometiste, tu nombre es acallado por tu boca. Mi cuerpo inundado de tus fluidos y el placer, entrando y saliendo, llenándonos de sudor, con caricias marabuntas, son hormigas rojas llenas de delicia que suben y bajan, se esconden en cada orificio, penetrando y acelerando.
Al clamar y gritar ambos en la cresta de esta ola que nos lleva, liberamos a las bestias ya saciadas que se van corriendo por el campo.
El placer nos redime de este amor tan distanciado… nacemos nuevamente cuando nuestras miradas deseosas empachadas se entrecruzan, mientras nuestros sexos dementes reposan.
Plenos, boca arriba, las risas brotan a borbotones, nos tragamos, envolvemos, suspiramos… estamos completos, esta vez si estamos completos.
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miércoles, enero 02, 2008
Inconmovible
Autora:
El ser inconmovible
sentado en su riguroso sofá,
lee un inconmovible periódico
escrito por impasibles periodistas.
Lee y lee sin parar.
No se inquieta al ver el gato que se acurruca,
ni al oír su perra cuando le ladra.
Sigue leyendo imperturbablemente.
Como nada le altera deja de sentir…
Ya no tiene hambre, frío ni miedo,
Al no sentir miedo,
la muerte puede acercarse.
Muerte, susurrémosle a su oído,
Muerte, subamos a su cama a cantarle,
llevémonos al gato y también su perra.
Que todo a su alrededor desaparezca,
Dejemos que se quede solo,
ya no estarán los periodistas
Tampoco existirá el Internet
Finalmente se dará cuenta de esto
Y será tarde,
Como nada le conmueve,
Tampoco querrás tu llevarle.
(Suplica del ser inconmovible a la muerte)
Inconmovible: ¡Llévame muerte!, No quiero que la soledad me acompañe.
¡Imagina!, Soy el último inconmovible… soy una especie preciada, única, los ecoinconmovibles del mas allá, deben estar luchando por mi causa.
Muerte: ¿Es que acaso ahora eres consciente?.
Todos en un momento se conmovieron, menos tu, y ahora te conmueve tu propia desgracia… JA!.
¡Entonces ya no eres inconmovible!, Eres solo un egoísta, por lo que ya no eres preciado, el otro lado esta lleno de los de tu clase.
Inconmovible: Eres muy cruel.
Muerte: La virtud… ¿Qué es la virtud?.
Quizás será que he estado mucho tiempo junto a ti y se me ha pegado algo de tus mañas…
… La virtud… mmm. Ese es un tema largo que quizás otro día tocamos.
Recuerdo, aún recuerdo a uno de los nuestros que quiso salvarte, el último recurso… Mi amiga la DESESPERACIÓN
Inconmovible: ¿Salvar? ¿De que?.
Muerte: De ti mismo…
(Recordando a Desesperación)
*¡Nada de lo que diga me hará nunca más daño!.
Quiero ser un pájaro que vuela lejos para no escuchar más su silencio doloroso. Su indolencia penetra en mi corazón, y desaparece hundiéndose para siempre en el mutismo.
¡¿Acaso no tiene conciencia de lo que provoca cada palabra no dicha, cada cosa no hecha?!.
Quizás merezco esto por pensar más de lo que debería, más de lo que podría alguien en estos casos.
Pero, ¿para qué pensar?. Solo debo vigilarle, debo hacer, debo ser…
¿Pero como ser?, Si no quiero estar junto a alguien que no siente a los que mi mano toca, los como yo...
¿Cómo ser muda de pensamiento sordo y vano?.
Me estremece el pensar como aprender a ser como el, como hacer algo junto a otros indecentemente huecos (¿inocentemente huecos?).
Estoy divagando a lo lejos de un mundo en el que no quiero existir. Estoy aquí, sin ser nadie, es así como me dejan luego que se van, luego que aprovecharon mis artes, se van junto a mi amiga la Muerte; es así como me dejan un dolor que aparece y no ceja…
La muerte… mi amiga… ¡Imágenes!, ¡Imágenes de todos, de todo!, Y ya no hay nada, todo es nada, todo es pasajero… ¿ya basta?!!!
...¡Ya paso! …
Y este, a quien debo enseñar, me enseña a mí. Y él, a quien quise proteger de su propia aberración, de mí, su último recurso, ni siquiera se da cuenta. ¡No siente nada!, Solo se siente a sí mismo, así como su repudio al sentimiento por otros.
Evasión, comprensión, ¿son palabras sinónimo?
He tocado a muchos, a demasiados y el no se deja, es inconmovible hasta dejar de lado a la Desesperación, que soy yo.
Quizás mañana pueda pensar distinto, más claro, sin toda esta mezcla de sin sabores que ahora se agolpan, me envenenan y alimentan, junto al sentimiento que me nutre y embarga de los otros a su alrededor. ¿Cómo vivir junto a ellos y cerrar los ojos?.
...Denme algo más de su savia, denme su desesperación…
Ahora ya no están y estoy en un mundo en que nada existe, y en que el existir y sentir sea un sueño incapaz de ser soñado (sentir lo que él siente para entenderlo, ¿comprenderlo?. Entrar en su ser)... Me desespera!!!
… ¿Entonces esto es ser inconsciente frente a los otros?. Esto es ser inconmovible?.
Pero, ¿ para qué pensar?. Solo debo vigilarle, debo hacer, debo ser… Inconmovible. … IN-CON-MO-VI-BLE.
Y me conmueve dar cuenta de ello antes que sea tarde…
(Y desapareció de ese mundo, que para ella ya no existía)
Muerte: Esa criatura, hasta a mí que soy la muerte que vive a tu lado, me conmovió.
Pobre de ella, tu enfermedad es transmisible, por poco y hasta a mí me la pegas.
Si no fuera por que desapareció su razón de existir, la Desesperación sería como tu…
¿Que me dices a tu favor inconmovible?.
¿Si no sientes nada, de que me vale llevarte?
Inconmovible: Solo cumplir con tu deber.
Debes ser razonable... ¿Sentir es ser razonable?
Solo sé que ahora estoy solo y nada queda.
Solo quiero mi diario con noticias frescas.
Muerte: Contigo no hay caso, mejor será que te llegue el sueño eterno.
Autora: Shhhhhhhh, shhhhhhhhh, démosle otra oportunidad.
Otra para hacerlo sufrir.
Y entonces él despertó
El ser inconmovible
sentado en su riguroso sofá,
lee un inconmovible periódico
escrito por impasibles periodistas.
Lee y lee sin parar.
No se inquieta al ver el gato que se acurruca,
ni al oír su perra cuando le ladra.
Sigue leyendo imperturbablemente.
Como nada le altera deja de sentir…
Ya no tiene hambre, frío ni miedo,
Al no sentir miedo,
la muerte puede acercarse.
Muerte, susurrémosle a su oído,
Muerte, subamos a su cama a cantarle,
llevémonos al gato y también su perra.
Que todo a su alrededor desaparezca,
Dejemos que se quede solo,
ya no estarán los periodistas
Tampoco existirá el Internet
Finalmente se dará cuenta de esto
Y será tarde,
Como nada le conmueve,
Tampoco querrás tu llevarle.
(Suplica del ser inconmovible a la muerte)
Inconmovible: ¡Llévame muerte!, No quiero que la soledad me acompañe.
¡Imagina!, Soy el último inconmovible… soy una especie preciada, única, los ecoinconmovibles del mas allá, deben estar luchando por mi causa.
Muerte: ¿Es que acaso ahora eres consciente?.
Todos en un momento se conmovieron, menos tu, y ahora te conmueve tu propia desgracia… JA!.
¡Entonces ya no eres inconmovible!, Eres solo un egoísta, por lo que ya no eres preciado, el otro lado esta lleno de los de tu clase.
Inconmovible: Eres muy cruel.
Muerte: La virtud… ¿Qué es la virtud?.
Quizás será que he estado mucho tiempo junto a ti y se me ha pegado algo de tus mañas…
… La virtud… mmm. Ese es un tema largo que quizás otro día tocamos.
Recuerdo, aún recuerdo a uno de los nuestros que quiso salvarte, el último recurso… Mi amiga la DESESPERACIÓN
Inconmovible: ¿Salvar? ¿De que?.
Muerte: De ti mismo…
(Recordando a Desesperación)
*¡Nada de lo que diga me hará nunca más daño!.
Quiero ser un pájaro que vuela lejos para no escuchar más su silencio doloroso. Su indolencia penetra en mi corazón, y desaparece hundiéndose para siempre en el mutismo.
¡¿Acaso no tiene conciencia de lo que provoca cada palabra no dicha, cada cosa no hecha?!.
Quizás merezco esto por pensar más de lo que debería, más de lo que podría alguien en estos casos.
Pero, ¿para qué pensar?. Solo debo vigilarle, debo hacer, debo ser…
¿Pero como ser?, Si no quiero estar junto a alguien que no siente a los que mi mano toca, los como yo...
¿Cómo ser muda de pensamiento sordo y vano?.
Me estremece el pensar como aprender a ser como el, como hacer algo junto a otros indecentemente huecos (¿inocentemente huecos?).
Estoy divagando a lo lejos de un mundo en el que no quiero existir. Estoy aquí, sin ser nadie, es así como me dejan luego que se van, luego que aprovecharon mis artes, se van junto a mi amiga la Muerte; es así como me dejan un dolor que aparece y no ceja…
La muerte… mi amiga… ¡Imágenes!, ¡Imágenes de todos, de todo!, Y ya no hay nada, todo es nada, todo es pasajero… ¿ya basta?!!!
...¡Ya paso! …
Y este, a quien debo enseñar, me enseña a mí. Y él, a quien quise proteger de su propia aberración, de mí, su último recurso, ni siquiera se da cuenta. ¡No siente nada!, Solo se siente a sí mismo, así como su repudio al sentimiento por otros.
Evasión, comprensión, ¿son palabras sinónimo?
He tocado a muchos, a demasiados y el no se deja, es inconmovible hasta dejar de lado a la Desesperación, que soy yo.
Quizás mañana pueda pensar distinto, más claro, sin toda esta mezcla de sin sabores que ahora se agolpan, me envenenan y alimentan, junto al sentimiento que me nutre y embarga de los otros a su alrededor. ¿Cómo vivir junto a ellos y cerrar los ojos?.
...Denme algo más de su savia, denme su desesperación…
Ahora ya no están y estoy en un mundo en que nada existe, y en que el existir y sentir sea un sueño incapaz de ser soñado (sentir lo que él siente para entenderlo, ¿comprenderlo?. Entrar en su ser)... Me desespera!!!
… ¿Entonces esto es ser inconsciente frente a los otros?. Esto es ser inconmovible?.
Pero, ¿ para qué pensar?. Solo debo vigilarle, debo hacer, debo ser… Inconmovible. … IN-CON-MO-VI-BLE.
Y me conmueve dar cuenta de ello antes que sea tarde…
(Y desapareció de ese mundo, que para ella ya no existía)
Muerte: Esa criatura, hasta a mí que soy la muerte que vive a tu lado, me conmovió.
Pobre de ella, tu enfermedad es transmisible, por poco y hasta a mí me la pegas.
Si no fuera por que desapareció su razón de existir, la Desesperación sería como tu…
¿Que me dices a tu favor inconmovible?.
¿Si no sientes nada, de que me vale llevarte?
Inconmovible: Solo cumplir con tu deber.
Debes ser razonable... ¿Sentir es ser razonable?
Solo sé que ahora estoy solo y nada queda.
Solo quiero mi diario con noticias frescas.
Muerte: Contigo no hay caso, mejor será que te llegue el sueño eterno.
Autora: Shhhhhhhh, shhhhhhhhh, démosle otra oportunidad.
Otra para hacerlo sufrir.
Y entonces él despertó
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lunes, diciembre 24, 2007
Aprendiendo a ser Cruel
- Y cual es el problema
- Ninguno, es solo que me gusta mucho alguien mas y no se…
- Pero despreocupate, mira, pruébalo, úsalo y déjalo ir…
- Probar, usar… suena a producto de tienda.
- ¿Y es que acaso crees que nosotros no las vemos así a veces?.
- ¿Tú me miras así?
- No, yo te veo distinto, porque reconozco tu real valor.
- ¿Y si al probarlo me doy cuenta de cual es su valor?
- Entonces estará todo perdido entre nosotros.
Pensaba en esas y tantas otras conversaciones con su perverso aquella noche. Pero si, estaba ahí, esperando, con las piernas temblando, de frío o algo de resquemores, impaciencia, nervios.
Esperaba a aquel del cual hablaban, aquel que había que probar antes de seguir adelante, un alto en el camino.
El la diviso a lo lejos, llevaba aquel vestido rojo institucional que le gustaba, parecía mas alta de lo que recordaba.
La mujer menuda, crecida, siempre sentida y venida a menos, estaba jugando aquel juego perverso, sin problemas.
Se miraron, ella jugaba a la timidez. El incauto creyéndose cazador, la seguía con la mirada.
No es una mujer bella, no era su tipo, pero era el mismo tipo de fiera que el, ardiente y pasional.
Aquella noche conversaron, entrelazaron manos cual adolescentes, a pesar que hacia mucho tiempo ya habían abandonado ese estado mental.
Al irse en un taxi aquella noche camino a su hotel, el la sujeto con vehemencia y le beso desenfadado, ella respondió al impulso, le estaba probando.
Llegaron a su cuarto de hotel, el se invito a entrar, abriendo grandes ojos.
Al llegar a aquella habitación, el se decía, no sucederá, mientras ella convencida, sabia que debía de probar de una sola vez. Y así sucedió, del choque de voluntades, ella salió victoriosa, su perverso estaría orgulloso.
La primera vez fue atroz, el no tenía experiencia, ni mucha pericia instintiva.
Ella lo notaba, su perverso era cien veces mejor.
Le dio más oportunidades para ver como funcionaban, hasta que finalmente funcionó, ella decía te amo instintivamente, como llamando al orgasmo.
Cada vez que volvía a casa, se preguntaba, hasta cuando durara esto, cuando ya es suficiente para dejar ir.
Y esa noche fue suficiente, el muchacho ya envalentonado, sabía que no la necesitaba más, ya había aprendido lo suficiente y ella, aprendió a romper algo más su corazón.
Ya podía dejar ir, ya no le dolían estas cosas, ya había aprendido lo que su perverso le quería enseñar, ya era capaz de soportar la crueldad, ya podía volver con el, que era más cruel.
Pensaba en esas y tantas otras conversaciones con su perverso aquella noche. Pero si, estaba ahí, esperando, con las piernas temblando, de frío o algo de resquemores, impaciencia, nervios.
Esperaba a aquel del cual hablaban, aquel que había que probar antes de seguir adelante, un alto en el camino.
El la diviso a lo lejos, llevaba aquel vestido rojo institucional que le gustaba, parecía mas alta de lo que recordaba.
La mujer menuda, crecida, siempre sentida y venida a menos, estaba jugando aquel juego perverso, sin problemas.
Se miraron, ella jugaba a la timidez. El incauto creyéndose cazador, la seguía con la mirada.
No es una mujer bella, no era su tipo, pero era el mismo tipo de fiera que el, ardiente y pasional.
Aquella noche conversaron, entrelazaron manos cual adolescentes, a pesar que hacia mucho tiempo ya habían abandonado ese estado mental.
Al irse en un taxi aquella noche camino a su hotel, el la sujeto con vehemencia y le beso desenfadado, ella respondió al impulso, le estaba probando.
Llegaron a su cuarto de hotel, el se invito a entrar, abriendo grandes ojos.
Al llegar a aquella habitación, el se decía, no sucederá, mientras ella convencida, sabia que debía de probar de una sola vez. Y así sucedió, del choque de voluntades, ella salió victoriosa, su perverso estaría orgulloso.
La primera vez fue atroz, el no tenía experiencia, ni mucha pericia instintiva.
Ella lo notaba, su perverso era cien veces mejor.
Le dio más oportunidades para ver como funcionaban, hasta que finalmente funcionó, ella decía te amo instintivamente, como llamando al orgasmo.
Cada vez que volvía a casa, se preguntaba, hasta cuando durara esto, cuando ya es suficiente para dejar ir.
Y esa noche fue suficiente, el muchacho ya envalentonado, sabía que no la necesitaba más, ya había aprendido lo suficiente y ella, aprendió a romper algo más su corazón.
Ya podía dejar ir, ya no le dolían estas cosas, ya había aprendido lo que su perverso le quería enseñar, ya era capaz de soportar la crueldad, ya podía volver con el, que era más cruel.
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jueves, diciembre 06, 2007
Amor Express

Encendía un cigarrillo pensando en todo lo que me habían pasado últimamente.
Mientras aspiraba profundo, venían a mi mente los acontecimientos que me llevaban hasta ahí, a ese momento, el instante en que no echaría pie atrás.
El humo nublo mi corazoncito en tanto me decía, esta noche no habrá sorpresas, no para mí.
Miraba por entre la bocanada que exhalaba, a todas aquellas gentes que no me importaban, solo estaba asechando a la presa.
****
Esa tarde en el gimnasio, había sudado más que nunca, esperaba algún orgasmo aeróbico a falta de otros más tradicionales, como recompensa al esfuerzo de intentar botar una basura de la que antes disfrutaba.
Eliminaba de mi sistema pensamientos perversos de los últimos meses con el, estas ideas, escurrían calientes, y profusas junto a mi transpiración, extrañamente color azul.
Frente a mi, se paseaban, pavoneaban, tantos cuerpos hermosos, empapados, expectantes… Nada importaba en verdad, estoy fuera, y externamente, no deseo pasar frío.
El humo nublo mi corazoncito en tanto me decía, esta noche no habrá sorpresas, no para mí.
Miraba por entre la bocanada que exhalaba, a todas aquellas gentes que no me importaban, solo estaba asechando a la presa.
****
Esa tarde en el gimnasio, había sudado más que nunca, esperaba algún orgasmo aeróbico a falta de otros más tradicionales, como recompensa al esfuerzo de intentar botar una basura de la que antes disfrutaba.
Eliminaba de mi sistema pensamientos perversos de los últimos meses con el, estas ideas, escurrían calientes, y profusas junto a mi transpiración, extrañamente color azul.
Frente a mi, se paseaban, pavoneaban, tantos cuerpos hermosos, empapados, expectantes… Nada importaba en verdad, estoy fuera, y externamente, no deseo pasar frío.
Tomaba algo de agua, me secaba el sudor con mi toallita, mientras uno a uno se iban a sus casas.
Ya era bastante tarde, solo quedábamos mi presa y yo.
Cerca de la hora del cierre, me acerque a las maquinas donde ya había trabajado bastante. Entonces pedí ayuda para mover uno de esos aparatos algo pesados. Las hormonas se elevaban por el aire y en esa posición tan sugerente y tan cerca uno del otro, era inevitable percatarse de lo que provocaba en el. Pero no hablaba.
Entonces fui yo quien lo dijo- no deseo ir a casa -
El, todo afable, me comento que tenía una reunión con amigos, que verían un partido de fútbol mientras hacían un asado. Mm, asado, era lo único que me llamaba la atención, la carne.
Le quede mirando, mientras me arreglaba el peto que coquetamente dejaba ver un poco más. Entonces “se le ocurrió” y me invito a su reunión.
Llegue bastante tarde, distraída a causa de aquel que me estafaba la atención, ese que me lanzó fuera hacia rato.
De fondo sonaba Depeche Mode, lo había llevado, solo para saber cuando… en the love thieves, ese sería el momento.
Algo nerviosa, por desaprovechar la práctica en estas lides, aparte el resto de cigarrillo, apure un trago de ron y me aplique.
Estaba riendo con sus amigos, me miro de pies a cabeza, deteniéndose en mi escote.
Le pedí que me llevara a casa aduciendo el temor de irme sola. Accedió de inmediato.
De camino, pensé en alguna superficialidad para que hablase. Comente que era una lata que no hubiese bailado nada conmigo, que si se estaba poniendo tímido, entonces nos reímos. - Buena señal, buena señal.
Ya en la puerta tocaba la despedida, no esperaría más. Entonces, le tome y lo zambullí directo hacia mi cuello y escote.
Joven, joven impetuoso, fibroso, expectante. Nada costo seguir besándonos los cuerpos escandalosamente, en esa calle oscura, solo con la luna envidiosa de testigo.
Pasamos a mi refugio, donde urgidos, tal como en ese templo del culto al cuerpo, nos llenamos de sudor en la piel y en nuestros sexos.
Se aceleraba, poco diestro en estos asuntos, a la sazón le detuve y guíe adecuadamente.
La boca, no, mi boca no sería besada. Nos tocamos por completo, sus manos se detuvieron largamente en acariciar, pasando por Venus, siguió bajando diciendo, exquisito, exquisito.
Mordisqueando oreja y cuello, siguió hasta encontrar el clítoris ya húmedo a esas alturas, mientras un ah!, escapaba de las bocas.
No había un te quiero, solo había lo que había, un gran sexo devoto de los santos penes y diabólicas vaginas.
Lo hicimos muchas veces, en todas posiciones y en honor al sudor azul eliminado del sistema aquella tarde, mire por mi ventana hacia el exterior, mientras el muy macho, totalmente suelto y hábil, penetraba por atrás, entrando y saliendo, dejando ver su gran, duro y brillante miembro erecto.
Pasada la orgía, nos mareamos mutuamente en desenfreno, estimulándonos con delirios de inmundicias, envolviendo mi cuerpo frágil, prometiendo suavidad, sorprendente devoción y abandono…
Luego lo eche de mi cama, nos despedimos como nada.
Espero dormir muy bien las pocas horas que me quedan.
Ahora si, estoy fuera, desde mi ventana observando un amor express.
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Solo Pedía Una Foto

El tenía ya treinta años.
Se encontraba solo, en el living de su casa sentado, con el teléfono en la mano y pensando en dilemas tales como el cuerpo desnudo y firme de una mujer, la pérdida de la inocencia, los gritos de su madre pidiendo la cena….
C.S. Lewis dijo una vez que la delicada rosa de la degeneración florece con mayor fuerza junto al altar… pero el no era hombre de altares, ni de dios, ni de religión.
El pensamiento lascivo no es pecado ni crimen, no se pueden cometer crímenes con el pensamiento.
Así por lo menos el lo creía.
Solo pedía una foto, una mísera fotografía con que satisfacer esa sórdida necesidad visual de ver a quien le entregaba sus quejidos nocturnos, su bufar taurino, sus cambios anatómicos, aquella que se metía en sus pensamientos, esos que le quitaban el tiempo para sus cosas…
Y sin mediar enojos ella le dice:-Lo cierto es que en realidad no estamos solos, no existe misterios para el corazón, no existen besos no desenmascarados dados sin amor, esos besos puñaladas que se clavan en el pecho.
-Aaaah?!
Ella era muy poética y el ya había olvidado lo que era el amor; es más, no le importaba, sólo podía pensar en ella y en sus facciones de niña, sus caprichos juguetones, sus gemidos y en el desbordante placer que le hacía sentir el tacto de su propio miembro. El se dijo-Esta noche ya no habrá entretención...
Entonces dejaron sus gemidos y palabras, el dejo de tocarse, mientras ella se sacaba las benditas fotos en posiciones que nunca hubiese imaginado dejar plasmadas.
Hizo todo su ritual, mas un video.
Enviados los recursos gráficos, y satisfecho de su necesidad, nuevamente la llamo, había sido obediente.
Pero ella nunca le contestó.
Se había cometido un crimen, otro mendrugo de inocencia se había ido con ella, lejos.
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Encuentros
Niños azuzando el fuego, eso eran nuestras noches, incitando los nocturnos desvelos, deslizando nuestras telas y cobijas, encuentros veloces, afiebrados, fugaces.
Debemos vernos, percibirnos, llegar al instante determinante, solo sería mirarnos y saber, ser la súper nova. ¿Después la nada?... enana blanca
Los ingredientes, una mesa, ambiente calido, acompañados de líquidos y chácharas, podrían ser whisky o un jugo o mineral… sin gas por favor.
Fumando cigarrillos, el humo cegando la mente, podrían ser de los otros… pero no, estamos en público.
Mirarse a los ojos, que difícil, ahí están sus manos, aquí están mis pechos, mirarse a los ojos difícil…
Por el encuentro, ¡salud!, finalmente te veo; preguntas triviales y de buenas costumbres. ¿Fue muy difícil?, ¿te quedaras por acá?, ¿tienes donde quedarte?, ¿Cómo estas?, ¿es lo que esperabas?
Mejor será un whisky… y comienzan las explicaciones, el preámbulo ampuloso e insufrible, diciendo, sabes que no te quiero… sabes que esto es el comienzo, sabes que no hay expectativas y yo, solo pienso, sabes… mejor bésame.
No, así, no, eso no se pregunta, solo fluye… Mejor, no pensar.
Y aquí viene el efecto domino…
Digo, ¿Es lo que esperabas?, tengo algo de calor, le miro fijamente, nos hipnotizamos, salimos a la calle embriagados de las risas nocturnas… besos, muchos besos, abrazos y respiración.
¡Hey! no me lleves por lo oscuro, cuidado con el escalón, es fácil resbalarse con uno… o le pondremos el nombre del padre.
Abro mis ojos, la luz me ciega, susurros, susurros al oído… no, no son susurros, es la respiración de quien esta junto a mi, juntos, contiguos sin nada de deseo de por medio, solo la ternura de la cercanía.
Finalmente solo dormimos, éramos niños cansados de reír. Es un bello despertar, un buen comienzo.
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Tren al Norte... No, no no, Mejor al Sur

-Mejor deje un pie en el suelo.
Eso decía el señor que nos recibía a la entrada de la estación de tren.
No era mi intención viajar este día, menos aun en fiestas, además, siempre es mejor ir al sur, que viajar al norte.
Estación San Fernando, mi pie aun estaba en el suelo, esperando a que el señor viniese con unas gasas. La rodilla no se veía tan mal, después de todo, solo sangraba un poco.
No se en que pensaba, solo resbale y caí de bruces sobre el suelo de cemento.
Ahí estaba con mi pie en el suelo, sería que antes andaba sobre las nubes, soñando despierta para variar…
Entonces ¿que decido?,
¿Me voy en aquel tren o me quedo aquí al resguardo?.
Al resguardo, como siempre, con mi pie en el suelo, con muros invisibles protegiéndome.
¡Y como no!, si soy un mar de sentimientos y enamorada soy un desastre con patas!.
Y siendo un mar de sentimientos, es bueno un muro que deje el centro líquido al resguardo.
Lo mejor es quedarse aquí, tranquila, mirando las nubes, las nubes, calidas nubes, esponjosas…
Es mejor así, porque al norte hace mas calor, porque al norte se anda mas ligero de ropas, porque al norte se nos podría escapar un te amo… un te amo!… no, imposible, eso sucede cuando no esta el sinónimo de un beso…
¿Entonces?
Me subo a este tren!
Nuevamente el señor que amable atendió mi herida, me atiende, corta el boleto y me ofrece ir al bar.
Me hace falta un trago.
Pido un whisky doble, pero el señor está algo distraído.
Dice- ¿señorita que prefiere?
Besos sabor
-¿cariño bitter?, ¿calentura manjar? O ¿amor chip?.
-Respondo- déme de todos- hoy no importa embriagarme.
-Y lo prefiere acompañados de un ¿te quiero mi vida?.
-Le pregunto- ¿Que más hay en el menú?
-¿Y que es lo que prefiere?
-Deseo la carta… ¿se puede?
-Si, todo es a la carta señorita.
Mi rodilla ya no sangra…
-¿Que me tomare?
-Valentía, de esa que lleva sombrillas de colores por favor y póngale un trocito de limón.
-Señorita, le recomiendo que espere llegar a la estación de destino antes de tomárselo. El tiempo le hace bien a este trago.
Pero no hago caso y me lo tomo de un sorbo...
Trago amargo. Joder!, tantos poemas para ella, tantas palabras desbandadas de poeta loco taciturno, herido de muerte por metralla femenina, rotos sus muros, tanta palabra al viento, que alguna tenía que llegar a algún puerto, o ¿es que solo se quedo en el puerto?.
Debería bajarme en la estación NOS, para encontrarme con el amigo poetits. En una de esas me abre más los ojos que yo misma… pero ¿acaso este cuento no era para otra?...
Mejor sigo a Santiago, ya me desvié mucho.
Estoy completamente ebria y eso no es de señoritas!.
Ese licor, tomado de un sorbo, no hace efecto, no deja de darme miedo, solo me dio agallas.
Agallas JA! ¿Me transformare en un pez?... Ja! un pez volador.
Y es de humanos tener miedo, en especial cuando el muro de un hombre ya fue roto por una mujer y en su lugar solo queda el deseo de taparlo con alguien, sin importar si encaja, amoldándolo de algún modo, para que lo que esta dentro no siga saliendo, para tapar la herida sangrante, para curar el orgullo roto, el ego herido…
Si, un te amo, es buena amalgama… es como tapar con trocitos de otro, sin pensar en el otro.
¿Como era eso?... un clavo saca a otro clavo… no, no era así… los clavos dejan hoyos en los muros y ellos quieren taparlos todos…
Hey tu!
Mejor cure sus heridas primero, deja a la chiquilla en paz, que no es ladrillo de nadie!
Hombres!!!.
-Uy!! que costalazo señorita.
-Ah!?
-Sigo en la estación de tren.
-¿Que dolor!. Mi rodilla sangra, la cabeza me da vueltas.
-Señorita, mejor deje un pie en el suelo mientras le traigo una gasa.
Y me repito a mi misma.
-Si, mejor deja un pie en el suelo...
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Lo Malo... No Puede Ser Peor
Ella, era una mujer, cansada y aburrida de la falta de respuestas “románticas”, que en este mal día había decidido ya no ser más la chica buena que siempre era.
Se decía:
-Las buenas personas no llegan a ninguna parte y salio de su casa.
En su entrada había un perro, de esos vagabundos pequeños, al que normalmente le hubiese dado algo de comer, hoy en cambio, era más provocador darle de patadas.
Y así lo hizo,
Lo que no se esperaba, era que el animal reaccionara como un loco.
Desaforado y furibundo respondió la caricia mal puesta en su cola con una mordida en el tobillo. Así que se fue a urgencias, después de despegar al can de su pierna.
Tomó un taxi, que se dio vueltas por casi toda la ciudad antes de llegar a destino.
El chofer muy descarado, además de cobrarle un ojo de la cara, quería que le cancelara por la mancha que le había dejado en el tapete. Una mezcla entre grasa vieja y sangre resbalando por ella.
Y ella se decía:- No tengo porque pagarle a este animal.
Así que se bajo ofuscada y adolorida después de cancelar solo el pasaje, cerrando de un gran golpe la puerta y sin darse cuenta que su vestido se había quedado atascado. Partió el negro amarillo y su conductor ni se inmuto por ella, que casi sin vestido se quedo botada en el suelo.
Con las rodillas raspadas, el tobillo sangrando y la dignidad a 40 km/hora, entró a urgencias.
Le dieron un número, lo suyo no era tan urgente.
Mientras miraba distraída, a su lado se puso un tipo que había llegado ebrio con una puñalada en la pierna.
Ella tomo su bolso fuertemente entre sus brazos tratando de protegerlo y cubrir sus muslos, mientras que con su mano derecha sujetaba su celular.
El tipo se percato de la situación, entonces fue que forcejeando fuertemente le quito lo único que le cubría.
El tipo al parecer no estaba tan mal, o estaba acostumbrado a andar cercano al coma etílico, el hecho es que le quito el bolso y salió corriendo como si nada.
Ya sin bolso, documentos, ni dinero, le atendieron como a cualquier vagabundo indocumentado. Se adelantaron y le prometieron 40 inyecciones por la mordida de perro.
A estas alturas, solo le quedaba su celular, no tenía a quien llamar, estaba sola en la ciudad, solo tenía el número de aquel que no le daba respuestas románticas.
Al llegar, el la encontró sentada y sucia como una niña que se ha metido al barro y le dijo:-Finalmente.
Ella respondió-Finalmente
El sonriendo le indicó-Viste, hubiese sido mejor vernos esta noche… por lo menos ya te vi las piernas.
Salieron caminando del lugar en ruta al automóvil que los esperaba.
El le señaló:-¿Ahora que?
Ella riendo le respondió- Nada.
En aquel mismo lugar había un vagabundo pidiendo pan a quien ella le regalo su teléfono y luego se fue por su lado.
Se decía:
-Las buenas personas no llegan a ninguna parte y salio de su casa.
En su entrada había un perro, de esos vagabundos pequeños, al que normalmente le hubiese dado algo de comer, hoy en cambio, era más provocador darle de patadas.
Y así lo hizo,
Lo que no se esperaba, era que el animal reaccionara como un loco.
Desaforado y furibundo respondió la caricia mal puesta en su cola con una mordida en el tobillo. Así que se fue a urgencias, después de despegar al can de su pierna.
Tomó un taxi, que se dio vueltas por casi toda la ciudad antes de llegar a destino.
El chofer muy descarado, además de cobrarle un ojo de la cara, quería que le cancelara por la mancha que le había dejado en el tapete. Una mezcla entre grasa vieja y sangre resbalando por ella.
Y ella se decía:- No tengo porque pagarle a este animal.
Así que se bajo ofuscada y adolorida después de cancelar solo el pasaje, cerrando de un gran golpe la puerta y sin darse cuenta que su vestido se había quedado atascado. Partió el negro amarillo y su conductor ni se inmuto por ella, que casi sin vestido se quedo botada en el suelo.
Con las rodillas raspadas, el tobillo sangrando y la dignidad a 40 km/hora, entró a urgencias.
Le dieron un número, lo suyo no era tan urgente.
Mientras miraba distraída, a su lado se puso un tipo que había llegado ebrio con una puñalada en la pierna.
Ella tomo su bolso fuertemente entre sus brazos tratando de protegerlo y cubrir sus muslos, mientras que con su mano derecha sujetaba su celular.
El tipo se percato de la situación, entonces fue que forcejeando fuertemente le quito lo único que le cubría.
El tipo al parecer no estaba tan mal, o estaba acostumbrado a andar cercano al coma etílico, el hecho es que le quito el bolso y salió corriendo como si nada.
Ya sin bolso, documentos, ni dinero, le atendieron como a cualquier vagabundo indocumentado. Se adelantaron y le prometieron 40 inyecciones por la mordida de perro.
A estas alturas, solo le quedaba su celular, no tenía a quien llamar, estaba sola en la ciudad, solo tenía el número de aquel que no le daba respuestas románticas.
Al llegar, el la encontró sentada y sucia como una niña que se ha metido al barro y le dijo:-Finalmente.
Ella respondió-Finalmente
El sonriendo le indicó-Viste, hubiese sido mejor vernos esta noche… por lo menos ya te vi las piernas.
Salieron caminando del lugar en ruta al automóvil que los esperaba.
El le señaló:-¿Ahora que?
Ella riendo le respondió- Nada.
En aquel mismo lugar había un vagabundo pidiendo pan a quien ella le regalo su teléfono y luego se fue por su lado.
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Casa en el Arbol
Fue algo completamente inesperado. De esas cosas que dices, a mi nunca me sucederán.
Estaba en la playa tomando el sol, con mis pies acariciaba la arena, de fondo se escuchaban las voces de jóvenes y chicos jugando alegremente, la brisa calida recorría y despeinaba mi pelo, el sol iluminaba mi piel y rostro ya bronceado.
- Hey me tapas el sol!!!
- El sol no se puede tapar con un dedo- me respondió sonriendo aquel hombre que estaba parado frente a mi..
- ¿Acaso nos conocemos?, le pregunte.
- Por supuesto Camille, tu me servias el café.
Me senté y puse los anteojos de sol. Era Javier sin su sequito de libélulas pululando.
Desde ese día comenzamos a conversar y pasamos varias jornadas juntos.
En un comienzo la desconfianza hacia presa en mi, por lo que no hablaba mucho.
Llego la ocasión en que me contó acerca de su niñez y de su casa en el campo, donde tenía un árbol que era su pequeño refugio.
Su propia casa en el árbol, pero sin casa, el lugar donde salía huyendo de sus tías y nanas cuando hacia alguna travesura, el lugar donde nadie le encontraba y podía soñar, donde no le ubicaban los desesperados, donde huía de la adultez.
-Que bello sitio, ¿me invitaras?.
-No podría, ya no existe.
Su padre había cortado hace años la escalera a su cielo particular.
Su historia me enterneció al punto que me acerque a el y mirándole con otros ojos, acaricie su rostro, el se dejó.
Cerramos los ojos, se acerco a mí, quedamos frente a frente, respirándonos, oliéndonos y nos besamos. Nos besamos primero con ternura y luego recorriéndonos con la curiosidad de unos niños.
Pasamos la noche juntos, vimos el amanecer abrazados, riéndonos, redimidos.
En la mañana cuando desperté y al verlo a mi lado, me dio pavor por lo que entonces huí.
Ese día llegue a casa, no me bañe y estuve todo el día con la misma ropa, no quería quitarme su olor.
Estaba en la playa tomando el sol, con mis pies acariciaba la arena, de fondo se escuchaban las voces de jóvenes y chicos jugando alegremente, la brisa calida recorría y despeinaba mi pelo, el sol iluminaba mi piel y rostro ya bronceado.
- Hey me tapas el sol!!!
- El sol no se puede tapar con un dedo- me respondió sonriendo aquel hombre que estaba parado frente a mi..
- ¿Acaso nos conocemos?, le pregunte.
- Por supuesto Camille, tu me servias el café.
Me senté y puse los anteojos de sol. Era Javier sin su sequito de libélulas pululando.
Desde ese día comenzamos a conversar y pasamos varias jornadas juntos.
En un comienzo la desconfianza hacia presa en mi, por lo que no hablaba mucho.
Llego la ocasión en que me contó acerca de su niñez y de su casa en el campo, donde tenía un árbol que era su pequeño refugio.
Su propia casa en el árbol, pero sin casa, el lugar donde salía huyendo de sus tías y nanas cuando hacia alguna travesura, el lugar donde nadie le encontraba y podía soñar, donde no le ubicaban los desesperados, donde huía de la adultez.
-Que bello sitio, ¿me invitaras?.
-No podría, ya no existe.
Su padre había cortado hace años la escalera a su cielo particular.
Su historia me enterneció al punto que me acerque a el y mirándole con otros ojos, acaricie su rostro, el se dejó.
Cerramos los ojos, se acerco a mí, quedamos frente a frente, respirándonos, oliéndonos y nos besamos. Nos besamos primero con ternura y luego recorriéndonos con la curiosidad de unos niños.
Pasamos la noche juntos, vimos el amanecer abrazados, riéndonos, redimidos.
En la mañana cuando desperté y al verlo a mi lado, me dio pavor por lo que entonces huí.
Ese día llegue a casa, no me bañe y estuve todo el día con la misma ropa, no quería quitarme su olor.
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El amor comienza por uno mismo…
Como me miro yo, como me miras tu, como me miran ellos, como me miran ustedes....
Las Historias se repiten...
Hubo una vez, así siempre comenzaban los cuentos que leía de niña, un reino mas allá de nuestra imaginación en que había un príncipe, muy querido por todos, el que un día se topo con una bruja que le dijo:
“Nunca serás hermoso, hasta el día en que seas amado por lo que eres”.
Así desde ese día, el príncipe se veía al espejo y en su reflejo miraba solo un sapo.
La gente a su alrededor le decía que no se preocupara, que todo esto, no era mas que algo pasajero en su vida, sin embargo, el príncipe testarudo decidió buscar alguna bella que lo devolviera a la normalidad.
Busco por muchos lugares, dentro de su propio reino, sin encontrar a ninguna que satisficiera sus requerimientos, era sapo, pero también exigente.
Unas eran muy feitas, otras muy holgazanas, algunas hermosas princesas sin nada más sobre sus hombros que cabeza y cabellos.
Así paso muchísimo tiempo de buscar alguien que lo transformara y se fue quedando solo, esperando siempre a aquella que le salvara de este predicamento.
Lo mas complicado de todo ello, era además que alguna de estas bellas lo aceptara y le diera un besito. Darle un beso, esa es la solución de los cuentos, pero tenía que ser de cariño real.
Un día caminaba por el jardín, como siempre despreocupado, y sin quererlo se topo con una amiga de infancia que no veía hacia mucho tiempo. Grande fue su sorpresa al percatarse que la niña, no le miraba raro como los demás, sino que con toda soltura se dirigía a el olvidando su condición.
Así pasaron los días en que cada vez se entendían mejor, realmente eran buenos amigos, así al príncipe-sapo se le ocurrió que quizás su amiga era la solución a su problema.
De este modo se puso en campaña para conseguir ese beso que lo devolvería a la normalidad.
Por su parte la niña se extrañaba mucho de la nueva actitud de su amigo, mas aun, se extrañaba de todos los chismes que corrían en torno al príncipe...
Imagínense un sapo-príncipe. Pero nunca hizo caso, para ella el príncipe era el mismo amigo de siempre.
Así un día, sin importar que pudiera pensar su amiguita, finalmente la beso. Como ella le tenía gran cariño, era muy probable que le devolviera a su antigua condición, volver a ser aquel que fue una vez.
Llegando a palacio se miró al espejo y... Oh!, cual fue su sorpresa al percatarse que nuevamente era el de antes, por fin podría acceder a cualquier princesa de los reinos adyacentes, no tendría que conformarse solo con una persona normal, cumpliría todos sus sueños.
Inmediatamente partió corriendo a agradecerle a su amiga por el gesto, pero al encontrarla frente a frente, horror!, ella era una rana.
El siguió manteniendo su amistad, no obstante, ella nunca entendió nada de lo que pasaba. ¿Por que este cambio?, si ella nunca ha sido sapo, tal como el nunca lo fue, el siempre siguió siendo, la misma hormiga que ella conoció desde niña, cuando aun era una “larva”, la misma hormiga que ella veía reflejada en su espejo, la misma hormiga capaz de realizar cualquier cosa, cualquier sueño.... ella aun no entiende...
Después de todo, la bruja no era bruja, era solo una hormiga vieja y sabia que le había dicho la verdad a un príncipe que se guiaba mucho por las apariencias y el que dirán...
El amor comienza por uno mismo…
Las Historias se repiten...
Hubo una vez, así siempre comenzaban los cuentos que leía de niña, un reino mas allá de nuestra imaginación en que había un príncipe, muy querido por todos, el que un día se topo con una bruja que le dijo:
“Nunca serás hermoso, hasta el día en que seas amado por lo que eres”.
Así desde ese día, el príncipe se veía al espejo y en su reflejo miraba solo un sapo.
La gente a su alrededor le decía que no se preocupara, que todo esto, no era mas que algo pasajero en su vida, sin embargo, el príncipe testarudo decidió buscar alguna bella que lo devolviera a la normalidad.
Busco por muchos lugares, dentro de su propio reino, sin encontrar a ninguna que satisficiera sus requerimientos, era sapo, pero también exigente.
Unas eran muy feitas, otras muy holgazanas, algunas hermosas princesas sin nada más sobre sus hombros que cabeza y cabellos.
Así paso muchísimo tiempo de buscar alguien que lo transformara y se fue quedando solo, esperando siempre a aquella que le salvara de este predicamento.
Lo mas complicado de todo ello, era además que alguna de estas bellas lo aceptara y le diera un besito. Darle un beso, esa es la solución de los cuentos, pero tenía que ser de cariño real.
Un día caminaba por el jardín, como siempre despreocupado, y sin quererlo se topo con una amiga de infancia que no veía hacia mucho tiempo. Grande fue su sorpresa al percatarse que la niña, no le miraba raro como los demás, sino que con toda soltura se dirigía a el olvidando su condición.
Así pasaron los días en que cada vez se entendían mejor, realmente eran buenos amigos, así al príncipe-sapo se le ocurrió que quizás su amiga era la solución a su problema.
De este modo se puso en campaña para conseguir ese beso que lo devolvería a la normalidad.
Por su parte la niña se extrañaba mucho de la nueva actitud de su amigo, mas aun, se extrañaba de todos los chismes que corrían en torno al príncipe...
Imagínense un sapo-príncipe. Pero nunca hizo caso, para ella el príncipe era el mismo amigo de siempre.
Así un día, sin importar que pudiera pensar su amiguita, finalmente la beso. Como ella le tenía gran cariño, era muy probable que le devolviera a su antigua condición, volver a ser aquel que fue una vez.
Llegando a palacio se miró al espejo y... Oh!, cual fue su sorpresa al percatarse que nuevamente era el de antes, por fin podría acceder a cualquier princesa de los reinos adyacentes, no tendría que conformarse solo con una persona normal, cumpliría todos sus sueños.
Inmediatamente partió corriendo a agradecerle a su amiga por el gesto, pero al encontrarla frente a frente, horror!, ella era una rana.
El siguió manteniendo su amistad, no obstante, ella nunca entendió nada de lo que pasaba. ¿Por que este cambio?, si ella nunca ha sido sapo, tal como el nunca lo fue, el siempre siguió siendo, la misma hormiga que ella conoció desde niña, cuando aun era una “larva”, la misma hormiga que ella veía reflejada en su espejo, la misma hormiga capaz de realizar cualquier cosa, cualquier sueño.... ella aun no entiende...
Después de todo, la bruja no era bruja, era solo una hormiga vieja y sabia que le había dicho la verdad a un príncipe que se guiaba mucho por las apariencias y el que dirán...
El amor comienza por uno mismo…
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Celos, Dialogos de MSN
[21:44] <> Cómo estas vestida?
Miro mis ropas con sensación de no llevar nada, en ese momento me encuentro desnuda frente a la pregunta.
Llevo desarropada mucho tiempo en que mis pies descalzos no sienten el frío suelo.
Camino con un rumbo que ya no existe, en un mundo de gentes sin rostro; solo hay algunos que se apiadan de la pobreza del otro y prestan su abrigo.
[16:05] <> Dame tu e-mail y nos escribimos. Me gustaría conocerte más.
En ese momento siento el alivio de no encontrarme sola frente a la maquina y aunque desnuda, el frío no está.
[19:14] <> El fin de semana me quede con una amiga.
Olvido mi comodidad, me llegó el invierno, un infierno de hielo que me sumerge nuevamente en el desamparo.
Trato de huir, pero no puedo.
Un monstruoso ser me intenta de devorar, atrapa entre sus garras y mordisquea sin piedad.
Por ello doy gracias, por estar en el infierno helado, es más doloroso cuando te mantienen frente a una chimenea y luego te lanzan al abandono.
Tengo anestesiada el alma y hay menos el dolor al momento en que el monstruo clava sus dientes y desgarra mi piel.
Al ver la sangre escurrir lentamente por el manto blanco que mantiene a mis pies insensibles, pienso en darme por vencida y solo en morir devorada; pero testaruda huyo sangrando.
Luego lameré mis heridas nuevamente...
Al fin me creo a salvo.
[00:01] Hoy conocí una gringa fantástica.
Sigo caminando y al final del sendero me encuentro con aquel que me arropa de vez en cuando y me desnuda todo el tiempo.
Ahí está, sentado, inmutable, no me mira, solo existe su computador, sigue absorto en sus tareas.
El monstruo no me sigue y me permito un momento de relajo. Le miro enamorada, acaricio la pelusita en su cabeza, le abrazo fuertemente intentando sentir su calor; aun tengo frío.
Finalmente me mira, se abraza inconscientemente a mi cintura, sumerge su rostro en mi pecho desnudo y mientras le cobijo levanta su cabeza.
Observo sus ojos, veo el reflejo del engendro devorador dentro de ellos.
Me alejo de un salto cayendo al suelo y retorciéndome de dolor, por mi boca salen sus garras, me esta devorando desde dentro.
Este tormento ya no lo soporto, el veneno me recorre toda.
[00:44]<> Juntemonos hoy.
No aguanto más el sufrimiento y en mi mente surge la idea.
Sin pensarlo dos veces, me abalanzo sobre quien me abraza y cansa dulcemente, aquel que creo mi amor... entonces, arranco su cabeza.
[00:46] <> No, no saldré hoy contigo.
... El frío ya pasó, estoy vestida nuevamente, mi armadura ha resistido el ataque, el monstruo yace muerto a mis pies sin su cabeza.
... Definitivamente no hay nada peor que los celos... siempre vuelven.
Miro mis ropas con sensación de no llevar nada, en ese momento me encuentro desnuda frente a la pregunta.
Llevo desarropada mucho tiempo en que mis pies descalzos no sienten el frío suelo.
Camino con un rumbo que ya no existe, en un mundo de gentes sin rostro; solo hay algunos que se apiadan de la pobreza del otro y prestan su abrigo.
[16:05] <> Dame tu e-mail y nos escribimos. Me gustaría conocerte más.
En ese momento siento el alivio de no encontrarme sola frente a la maquina y aunque desnuda, el frío no está.
[19:14] <> El fin de semana me quede con una amiga.
Olvido mi comodidad, me llegó el invierno, un infierno de hielo que me sumerge nuevamente en el desamparo.
Trato de huir, pero no puedo.
Un monstruoso ser me intenta de devorar, atrapa entre sus garras y mordisquea sin piedad.
Por ello doy gracias, por estar en el infierno helado, es más doloroso cuando te mantienen frente a una chimenea y luego te lanzan al abandono.
Tengo anestesiada el alma y hay menos el dolor al momento en que el monstruo clava sus dientes y desgarra mi piel.
Al ver la sangre escurrir lentamente por el manto blanco que mantiene a mis pies insensibles, pienso en darme por vencida y solo en morir devorada; pero testaruda huyo sangrando.
Luego lameré mis heridas nuevamente...
Al fin me creo a salvo.
[00:01] Hoy conocí una gringa fantástica.
Sigo caminando y al final del sendero me encuentro con aquel que me arropa de vez en cuando y me desnuda todo el tiempo.
Ahí está, sentado, inmutable, no me mira, solo existe su computador, sigue absorto en sus tareas.
El monstruo no me sigue y me permito un momento de relajo. Le miro enamorada, acaricio la pelusita en su cabeza, le abrazo fuertemente intentando sentir su calor; aun tengo frío.
Finalmente me mira, se abraza inconscientemente a mi cintura, sumerge su rostro en mi pecho desnudo y mientras le cobijo levanta su cabeza.
Observo sus ojos, veo el reflejo del engendro devorador dentro de ellos.
Me alejo de un salto cayendo al suelo y retorciéndome de dolor, por mi boca salen sus garras, me esta devorando desde dentro.
Este tormento ya no lo soporto, el veneno me recorre toda.
[00:44]<> Juntemonos hoy.
No aguanto más el sufrimiento y en mi mente surge la idea.
Sin pensarlo dos veces, me abalanzo sobre quien me abraza y cansa dulcemente, aquel que creo mi amor... entonces, arranco su cabeza.
[00:46] <> No, no saldré hoy contigo.
... El frío ya pasó, estoy vestida nuevamente, mi armadura ha resistido el ataque, el monstruo yace muerto a mis pies sin su cabeza.
... Definitivamente no hay nada peor que los celos... siempre vuelven.
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Puros Cuentos Cap 11
Dia 20
DON`T BOTHER
Me asome tímidamente fuera de la habitación… no había moros en la costa, ni normandos.
Afuera se respiraba la brisa fresca y los rayos del sol acariciaban la piel, como un despertar de un largo sueño.
El sol se me introdujo bajo la piel, se clavó por todo mi cuerpo, recorriendo cada rincón, reparada mi columna antes rota, jugueteaba a través de mis nuevas plumitas.
Sonreía, echando un vistazo, observando atenta que no me mirasen.
Nadie en el patio de luz y aun no me atrevía a extenderlas del todo. Hoy soy vulnerable a los lobos.
Volví a aquel cuarto, mire con pena al centauro que yacía en esa cama. Le tome por el torso y la arrastre hacia fuera.
El sol le alcanzaba de lleno, mas solo abría un poco sus ojos volviendo a languidecer.
Volvimos dentro y comenzamos a subir las escaleras, llegaríamos hasta el techo, miraríamos la cuidad desde lo alto del edificio.
Respira profundo, la vida no acaba aquí le decía.
Ella me respondió – tú odiabas ser un ángel, es más, tú odias los ángeles. ¿Ya no seremos amigas?... amigas perversas…
Que gracia me causaba ella, las risitas se me salían. Yo no odio a nadie, tampoco soy eso otro que dice.
Comencé a toser, jilgueritos brotaban de mi boca y subían volando.
Estábamos en el techo, le cuidaba mientras se autocompadecía.
Tomando su celular marcaba un número que desconocía.
Conversaba un momento se sonreía, se reía a carcajadas y luego lloraba como una tonta.
Yo la veía subir y bajar por aquel carrusel, subía, subía, subía cuando de repente –Alo, alo- volvía a marcar, comenzaba de nuevo con su carita en rictus, luego reía, luego se enojaba, parloteaba y parloteaba y nuevamente – alo, alo- llamaba de nuevo, se enojaba al principio, luego se ponía muy seria, después se reía.
Siempre la veo en ese ritual y siempre termina riendo.
Pero está vez paso algo distinto.
Lanzo el teléfono lejos, el que casi en cámara lenta, comenzó a bajar desde lo alto. El sol iluminaba la escena, brillante, cegador.
Ciega, no me percate que mi centauro se lanzaba de cabeza a rescatarlo arrepentida, cayendo edificio abajo.
Ya no podía tener miedo, abrí mis alas y emprendí el vuelo hacia abajo, la veía caer, la veía desaparecer, se esfumaba, se eclipsaba…
Alcance a frenar antes del golpe final.
Ya no estaba más.
Mire en todas direcciones si había rastros de ella, pero en ese callejón oscuro solo habitaban las ratas.
Mi luz atrajo a las criaturas oscuras del lugar. En eso apareció también la cajita feliz que me dijo – ¿te desharás de todas nosotras acaso?-
A lo que respondí – yo no quiero nada –
La cajita carcajeaba con su desparpajo de siempre, entonces las mariposas de mi estomago comenzaron a subir por mi garganta y a salir por los oídos. Siempre me pasa eso cuando me pongo nerviosa.
En ese relámpago fue, cuando las mariposas bajaron en picada llenas de colores hermosos, voluptuosas, fascinantes. Yo me quede mirándolas, mientras la cajita corría como una loca gritando, alejándose de mí.
Es extraño, yo se que la cajita solo le tiene miedo a una cosa… el abandono. Algo difícil de aceptar para quienes no han hecho el ejercicio de dejar ir.
Mientras pensaba en eso, emprendí vuelo directo al sol.
Toque aquel azul hermoso e insondable del cielo, el azul que me regocija. Me sentía feliz y cautivada, acariciada por el viento húmedo y tibio del verano.
Entonces me percaté. No solo tenía alas, ahora tenía su torso, el centauro es parte integral mía.
DON`T BOTHER
Me asome tímidamente fuera de la habitación… no había moros en la costa, ni normandos.
Afuera se respiraba la brisa fresca y los rayos del sol acariciaban la piel, como un despertar de un largo sueño.
El sol se me introdujo bajo la piel, se clavó por todo mi cuerpo, recorriendo cada rincón, reparada mi columna antes rota, jugueteaba a través de mis nuevas plumitas.
Sonreía, echando un vistazo, observando atenta que no me mirasen.
Nadie en el patio de luz y aun no me atrevía a extenderlas del todo. Hoy soy vulnerable a los lobos.
Volví a aquel cuarto, mire con pena al centauro que yacía en esa cama. Le tome por el torso y la arrastre hacia fuera.
El sol le alcanzaba de lleno, mas solo abría un poco sus ojos volviendo a languidecer.
Volvimos dentro y comenzamos a subir las escaleras, llegaríamos hasta el techo, miraríamos la cuidad desde lo alto del edificio.
Respira profundo, la vida no acaba aquí le decía.
Ella me respondió – tú odiabas ser un ángel, es más, tú odias los ángeles. ¿Ya no seremos amigas?... amigas perversas…
Que gracia me causaba ella, las risitas se me salían. Yo no odio a nadie, tampoco soy eso otro que dice.
Comencé a toser, jilgueritos brotaban de mi boca y subían volando.
Estábamos en el techo, le cuidaba mientras se autocompadecía.
Tomando su celular marcaba un número que desconocía.
Conversaba un momento se sonreía, se reía a carcajadas y luego lloraba como una tonta.
Yo la veía subir y bajar por aquel carrusel, subía, subía, subía cuando de repente –Alo, alo- volvía a marcar, comenzaba de nuevo con su carita en rictus, luego reía, luego se enojaba, parloteaba y parloteaba y nuevamente – alo, alo- llamaba de nuevo, se enojaba al principio, luego se ponía muy seria, después se reía.
Siempre la veo en ese ritual y siempre termina riendo.
Pero está vez paso algo distinto.
Lanzo el teléfono lejos, el que casi en cámara lenta, comenzó a bajar desde lo alto. El sol iluminaba la escena, brillante, cegador.
Ciega, no me percate que mi centauro se lanzaba de cabeza a rescatarlo arrepentida, cayendo edificio abajo.
Ya no podía tener miedo, abrí mis alas y emprendí el vuelo hacia abajo, la veía caer, la veía desaparecer, se esfumaba, se eclipsaba…
Alcance a frenar antes del golpe final.
Ya no estaba más.
Mire en todas direcciones si había rastros de ella, pero en ese callejón oscuro solo habitaban las ratas.
Mi luz atrajo a las criaturas oscuras del lugar. En eso apareció también la cajita feliz que me dijo – ¿te desharás de todas nosotras acaso?-
A lo que respondí – yo no quiero nada –
La cajita carcajeaba con su desparpajo de siempre, entonces las mariposas de mi estomago comenzaron a subir por mi garganta y a salir por los oídos. Siempre me pasa eso cuando me pongo nerviosa.
En ese relámpago fue, cuando las mariposas bajaron en picada llenas de colores hermosos, voluptuosas, fascinantes. Yo me quede mirándolas, mientras la cajita corría como una loca gritando, alejándose de mí.
Es extraño, yo se que la cajita solo le tiene miedo a una cosa… el abandono. Algo difícil de aceptar para quienes no han hecho el ejercicio de dejar ir.
Mientras pensaba en eso, emprendí vuelo directo al sol.
Toque aquel azul hermoso e insondable del cielo, el azul que me regocija. Me sentía feliz y cautivada, acariciada por el viento húmedo y tibio del verano.
Entonces me percaté. No solo tenía alas, ahora tenía su torso, el centauro es parte integral mía.
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Puros Cuentos Cap 10
Día 8
Love is a Losing Game
Mi piel esta muy suave, la lluvia de nísperos me sirvió como baño de belleza.
Estaba feliz, por ello corría a mi hogar, quería saber las respuestas de porque mi abuela azul molestaba a mi abuelo ojos verdes.
Atrás quedaron mis recuerdos de ángeles pululando, cerdos caminantes y mujeres desnudas al por mayor.
Pero mi cama, como extraño mi cama alta!!.
Al abrir la puerta estaba dios esperando y extrañamente todo en su sitio.
Mi cama alta sin rasguños, el muro limpio, las historias de sangre ya no manchaban mi pared a colores, mi ventana exquisita se abría al mundo sin nada que la cubriera.
El tórrido romance en sepia ya no estaba.
(Supe, tiempo después, que la construcción al parecer era endeble y les quitaron permiso municipal).
Así que, dios me esperaba. Dijo a sus ángeles que se dejaran del desorden y tenía además, el archivo de mi abuela en sus manos…
Leí detenidamente y con atención sagrada. Finalmente entendía todo.
Después de eso quede como en shock, miraba sin repaso, alrededor, buscando, buscando…
Hay cosas que no se deberías saber -me dijo- pero eres muy terca y se fue.
Me saque los contactos y mis ojos se reconocieron.
El verde se exalto al punto de la locura, mientras el azul desmayado, no quería más.
Mire hacia la puerta y supe que venia por mí.
Me repetía a mi misma, la culpa no existe, es solo invento de los que tienen conciencia.
Me apresure hacia la puerta, sentía sus pasos.
Sonaban fuertes, marciales, atemorizantes y se acercaban más y más…
Tome a uno de los ángeles de sus alas, con desesperación le pedí que me llevara volando, pero no quiso. Mientras arrancaba sus plumitas, pensaba en si el castigo sería peor, pero ya no me importaba.
Finalmente las saque todas, pero a mi, ya no me servían… había sido expulsada del Paraíso hacía mucho…
Entonces tome un poco de aquel explosivo llamado ira que a veces uso y lo puse en la puerta.
1, 2, 3… la puerta se abre, ahí esta, mi verdadero, mi único yo que volvía… con alas nuevamente!!!.
Yo, yo no quería, no quería realmente… no quiero ser buena nuevamente!!!, prefiero mi cama, mi soledad, mis pequeñas perversiones… y llore, llore mucho, mis lágrimas llenaron aquel cuarto y lo lavaron todo.
Yo misma, como ángel, me tomaba la mano y me abrazaba diciendo, ya paso, solo es un capítulo, mi niña, vuelves a ser tú.
-Susurrando me decía a mi misma - Dicen que el amor redime…
Manche nuevamente el muro cuando exploto mi corazón.
Love is a Losing Game
Mi piel esta muy suave, la lluvia de nísperos me sirvió como baño de belleza.
Estaba feliz, por ello corría a mi hogar, quería saber las respuestas de porque mi abuela azul molestaba a mi abuelo ojos verdes.
Atrás quedaron mis recuerdos de ángeles pululando, cerdos caminantes y mujeres desnudas al por mayor.
Pero mi cama, como extraño mi cama alta!!.
Al abrir la puerta estaba dios esperando y extrañamente todo en su sitio.
Mi cama alta sin rasguños, el muro limpio, las historias de sangre ya no manchaban mi pared a colores, mi ventana exquisita se abría al mundo sin nada que la cubriera.
El tórrido romance en sepia ya no estaba.
(Supe, tiempo después, que la construcción al parecer era endeble y les quitaron permiso municipal).
Así que, dios me esperaba. Dijo a sus ángeles que se dejaran del desorden y tenía además, el archivo de mi abuela en sus manos…
Leí detenidamente y con atención sagrada. Finalmente entendía todo.
Después de eso quede como en shock, miraba sin repaso, alrededor, buscando, buscando…
Hay cosas que no se deberías saber -me dijo- pero eres muy terca y se fue.
Me saque los contactos y mis ojos se reconocieron.
El verde se exalto al punto de la locura, mientras el azul desmayado, no quería más.
Mire hacia la puerta y supe que venia por mí.
Me repetía a mi misma, la culpa no existe, es solo invento de los que tienen conciencia.
Me apresure hacia la puerta, sentía sus pasos.
Sonaban fuertes, marciales, atemorizantes y se acercaban más y más…
Tome a uno de los ángeles de sus alas, con desesperación le pedí que me llevara volando, pero no quiso. Mientras arrancaba sus plumitas, pensaba en si el castigo sería peor, pero ya no me importaba.
Finalmente las saque todas, pero a mi, ya no me servían… había sido expulsada del Paraíso hacía mucho…
Entonces tome un poco de aquel explosivo llamado ira que a veces uso y lo puse en la puerta.
1, 2, 3… la puerta se abre, ahí esta, mi verdadero, mi único yo que volvía… con alas nuevamente!!!.
Yo, yo no quería, no quería realmente… no quiero ser buena nuevamente!!!, prefiero mi cama, mi soledad, mis pequeñas perversiones… y llore, llore mucho, mis lágrimas llenaron aquel cuarto y lo lavaron todo.
Yo misma, como ángel, me tomaba la mano y me abrazaba diciendo, ya paso, solo es un capítulo, mi niña, vuelves a ser tú.
-Susurrando me decía a mi misma - Dicen que el amor redime…
Manche nuevamente el muro cuando exploto mi corazón.
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Puros Cuentos Cap 9
Día 8
Naked
Se enojaron conmigo, me sacaron de la cama los ángeles y como ya no veo por mi ventana, estaba toda consternada.
Comencé hacer un hoyo en el muro adyacente.
Empecé por sacar el papel mural y me encontré debajo de el lienzos llenos de mujeres desnudas es posiciones provocativas… anacrónico a estas alturas.
Ellas comenzaron a salir una por una desde mi muralla y me iban saludando, después me pidieron ropa prestada, así que me quede sin nada que poner.
Al final salio una mujer vestida que llevaba de la pata a un cerdo.
Me pidió amablemente disculpas por el bochorno, que no se volvería a repetir, mientras se iba por su camino retando al pobre animal.
Me digo yo, que tonta es ella, ¿porque intenta en un animal comportamientos que no le corresponden?
Es un cerdo y ya, los cerdos se comportan como cerdos, desparraman cochinada y huelen mal.
Con todas las uñas rotas y mi nueva ventana sin terminar, decidí salir de ahí, pues los ángeles aun pululaban y dios estaba en mi cama durmiendo, no me ayudaría a sacarlos.
Ya no tenia nada con que vestirme. En este momento yo no olía, así que ni notaron mi presencia desnuda en las calles.
Fue así, caminando descubierta por la ciudad, que comenzaron a llover nísperos y supe que era el día, dios había encontrado el archivo de mi abuela.
Naked
Se enojaron conmigo, me sacaron de la cama los ángeles y como ya no veo por mi ventana, estaba toda consternada.
Comencé hacer un hoyo en el muro adyacente.
Empecé por sacar el papel mural y me encontré debajo de el lienzos llenos de mujeres desnudas es posiciones provocativas… anacrónico a estas alturas.
Ellas comenzaron a salir una por una desde mi muralla y me iban saludando, después me pidieron ropa prestada, así que me quede sin nada que poner.
Al final salio una mujer vestida que llevaba de la pata a un cerdo.
Me pidió amablemente disculpas por el bochorno, que no se volvería a repetir, mientras se iba por su camino retando al pobre animal.
Me digo yo, que tonta es ella, ¿porque intenta en un animal comportamientos que no le corresponden?
Es un cerdo y ya, los cerdos se comportan como cerdos, desparraman cochinada y huelen mal.
Con todas las uñas rotas y mi nueva ventana sin terminar, decidí salir de ahí, pues los ángeles aun pululaban y dios estaba en mi cama durmiendo, no me ayudaría a sacarlos.
Ya no tenia nada con que vestirme. En este momento yo no olía, así que ni notaron mi presencia desnuda en las calles.
Fue así, caminando descubierta por la ciudad, que comenzaron a llover nísperos y supe que era el día, dios había encontrado el archivo de mi abuela.
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Dafne,
Producción Literaria
Puros Cuentos Cap 8
Día 7
My World
Viajes, viajes y más viajes…
Cigarrillos que se encienden, alcohol que se bebe, un sexo con un desconocido… ¿que otras cosas deben suceder?
Ah! Of course, un bello paisaje de playa o lago, echemos un poco de sol, canciones simpaticonas, no vulgares, no pedestres, prosaicas, insulsas ni materiales. Mezclamos todo, se le agrega unas gotas de lust, nada de heart, gotas de sweet, una mujer bella, hermosa, adorable.
MMH mejor no, una mujer basta, mi personaje principal es hot, así que cualquiera le basta, veamos que mas…
Estaba en eso, cuando llego dios a quitarme el matraz.
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Viajes, viajes y más viajes…
Cigarrillos que se encienden, alcohol que se bebe, un sexo con un desconocido… ¿que otras cosas deben suceder?
Ah! Of course, un bello paisaje de playa o lago, echemos un poco de sol, canciones simpaticonas, no vulgares, no pedestres, prosaicas, insulsas ni materiales. Mezclamos todo, se le agrega unas gotas de lust, nada de heart, gotas de sweet, una mujer bella, hermosa, adorable.
MMH mejor no, una mujer basta, mi personaje principal es hot, así que cualquiera le basta, veamos que mas…
Estaba en eso, cuando llego dios a quitarme el matraz.
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Puros Cuentos Cap 7
Día 6
Unwanted
Me gusta ser una fémina, pues tengo algo mejor que los apellidos para heredar, las mitocondrias.
En esas cositas que tenemos en nuestras células, deben de existir algunos que otros genes, codones o anticodones (distinto a condones) de las mujeres fuertes y fogosas del pasado sexual familiar que admiro.
Mi árbol ginecológico propio, eso me estaba armando hoy, cuando recibí un mensaje por otra ventana.
Era el solitario con una cara triste.
Las caras tristes no me dan nada, así que decidí no atender a sus signos extraños.
Me puse la falda que le pedí prestada a mi centauro, pero tenía olor a animal, así que al salir a caminar por las calles, muchos deseaban ser parte de mi árbol ginecológico y me miraban.
Se sentía bien, después de todo hoy mis ojos no se peleaban, les puse lentes de contacto.
El viento tibio recorría mis piernas y me elevaban un poco la pollera.
Es perfecto caminar por la noche, sin apuros, dejando atrás las nubes negras del día pasado.
Así fue hasta que se apago la luz.
A mi no me da miedo la oscuridad pero, ¿que pasa si se me aparece el ángel de la guarda?
Así que apure el paso, abrí una ventana en el suelo, llame un par de amigos para espantar a cualquier buen pensamiento que se me cruzase por la cabeza.
Llame al solitario, pero no contesto, seguramente estaba con la cajita feliz… y este centauro que no aparece… ella no teme a los Ángeles.
Ahí me di cuenta, me había puesto la falda con ella dentro.
Unwanted
Me gusta ser una fémina, pues tengo algo mejor que los apellidos para heredar, las mitocondrias.
En esas cositas que tenemos en nuestras células, deben de existir algunos que otros genes, codones o anticodones (distinto a condones) de las mujeres fuertes y fogosas del pasado sexual familiar que admiro.
Mi árbol ginecológico propio, eso me estaba armando hoy, cuando recibí un mensaje por otra ventana.
Era el solitario con una cara triste.
Las caras tristes no me dan nada, así que decidí no atender a sus signos extraños.
Me puse la falda que le pedí prestada a mi centauro, pero tenía olor a animal, así que al salir a caminar por las calles, muchos deseaban ser parte de mi árbol ginecológico y me miraban.
Se sentía bien, después de todo hoy mis ojos no se peleaban, les puse lentes de contacto.
El viento tibio recorría mis piernas y me elevaban un poco la pollera.
Es perfecto caminar por la noche, sin apuros, dejando atrás las nubes negras del día pasado.
Así fue hasta que se apago la luz.
A mi no me da miedo la oscuridad pero, ¿que pasa si se me aparece el ángel de la guarda?
Así que apure el paso, abrí una ventana en el suelo, llame un par de amigos para espantar a cualquier buen pensamiento que se me cruzase por la cabeza.
Llame al solitario, pero no contesto, seguramente estaba con la cajita feliz… y este centauro que no aparece… ella no teme a los Ángeles.
Ahí me di cuenta, me había puesto la falda con ella dentro.
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